El sorteo de grupos rumbo a la Eurocopa 2016 prevenía dos eventuales enfrentamientos entre países divididos por cuestiones políticas: España no podría encontrarse a la recién oficializada selección de Gibraltar, así como no jugarían Armenia y Azerbaiyán (que mantienen la disputa por la región de Nagorno-Karabakh).

 

En aquel momento (febrero 2014), no había argumentos para bloquear un Rusia-Ucrania que a la postre hubiese sido muy peligroso, así como tampoco se dio relevancia a otros duelos que podían implicar alta tensión (como al final lo ha sido el suspendido Serbia-Albania de este martes). Y es que en realidad resulta imposible sortear a ocho naciones europeas y que entre ellas no haya por lo menos un par de resentimientos históricos. Paul Auster ha dicho que “el futbol es el milagro a través del cual Europa aprendió a odiarse sin destrozarse”…, pero hay odios con balón que también implican destrozo.

 

serbia

 

Este tipo de medida por parte de la UEFA tiene su origen en el proceso eliminatorio rumbo a la Eurocopa 2008, precisamente cuando Armenia y Azerbaiyán coincidieron en el sector A y sus dos partidos debieron ser cancelados. Desde entonces, el otro emparejamiento negado ha sido entre Rusia y Georgia, tanto para Sudáfrica 2010 como para la Euro 2012 (es curioso: nunca un cotejo entre balcánicos ha figurado en la lista negra de la UEFA).

 

Antes de profundizar en lo que sucedió este martes en el estadio Partizán de Belgrado, recordemos que a escasos tres años de concluir la guerra entre Croacia y Serbia, estas selecciones se encontraron rumbo a la Eurocopa 2000 (Serbia conformaba, junto con Montenegro, al aún llamado equipo yugoslavo); en medio de letreros que remitían a la masacre de Vukovar, Zoran Mirkovic fue expulsado y al salir del campo mostró a las gradas croatas la seña efectuada por soldados serbios durante la guerra.

 

Así, a nadie debe sorprender que lo de Belgrado haya terminado de tal forma: cotejo suspendido tras sobrevolar el estadio un dron con la bandera de la denominada Gran Albania (la cual incluye el mapa de las regiones que los albanos reclaman, incluidos Kosovo y algunas partes de Serbia). Un jugador serbio tomó la bandera, lo que hizo reaccionar a sus rivales albanos y esto a su vez propició que se arrojaran artículos desde la tribuna.

 

Si se pensó que bastaba con prohibir el acceso a aficionados albanos para que el partido no remitiera a las tensiones por Kosovo, los directivos de la UEFA fueron demasiado ilusos, y para muestra otro antecedente.

 

En 2010 se dio una gran crisis luego de que la selección serbia de baloncesto cayera en el Mundial de la especialidad a manos de Turquía. Los habitantes albanos de la ciudad kosovar de Mitrovica cruzaban el puente sobre el río Ibar hacia el norte para burlarse de la caída ajena a manos de un equipo musulmán, al tiempo que los serbios pretendían recorrerlo en sentido inverso para vengar la derrota de sus hermanos cristianos ortodoxos. Hubo heridos y una crisis internacional, con cascos azules de la ONU evitando un baño de sangre.

 

Futbol a la balcánica, círculo vicioso que es la mayor refutación de la frase de Auster: por añejas disputas históricas, los eventos deportivos entre balcánicos son peligrosos; y por lo que sucede en esos partidos entre balcánicos, las disputas siguen en el presente.

 

Si el futbol es el milagro a través del cual Europa aprendió a odiarse sin destrozarse, es también el milagro a través del que los Balcanes mantienen abiertas sus múltiples y muy variadas pugnas.

 

Pero tranquilos, que en esta eliminatoria España no ha tenido que actuar contra Gibraltar.

 

 

Alberto Lati

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