Su delgada complexión y la estatura lo hacen pasar inadvertido, sin embargo, en la cancha es un demonio, se transforma por completo. Matías Alustiza lo demostró el pasado fin de semana al conseguir las tres anotaciones que le permitieron a los Tuzos del Pachuca imponerse 3-1 a los rojinegros del Atlas.

 

El segundo tanto fue un poema: se llevó a cinco hombres de la parte baja atlista, incluido a Federico Vilar, y dañó el marco enemigo, lo que generó un aplauso generalizado de los aficionados que se dieron cita a la tribuna del estadio Hidalgo y una rabieta de Tomás Boy, a quien le pareció increíble que un sólo jugador desequilibrara de esa forma a la sólida defensiva tapatía.

 

“No soy tan bueno cuando consigo tres goles ni tan malo cuando no lo hago”, dice el jugador argentino, quien abandonó a los Camoteros del Puebla por diferencias con el cuerpo técnico entonces encabezado por Rubén Omar Romano. Tampoco era buena la relación con la directiva y, por ello, no lo pensó dos veces cuando se le presentó la opción de vestir la casaca de los Tuzos.

 

Los que lo conocen, saben que es un delantero de carácter fuerte, que pocas veces se queda callado cuando algo no le parece, lo que le genera problemas. La paciencia que le ha tenido Enrique Meza, ha sido clave para que el funcionamiento del sudamericano sea el óptimo.

 

Aunque no ha sido sencillo. De hecho, ‘El Ojitos’ en varias ocasiones ha tenido que charlar con él para pedirle calma, que no pierda la cabeza. Y es porque el ´Chavo’, conocido así por la juventud que aparenta, en varias ocasiones ha abandonado molesto la cancha, cuando es sustituido, como sucedió en el duelo ante Chivas.

 

Al atacante no le interesa cerrar bocas, tras las críticas que recibió por los problemas que tuvo con el equipo de la franja “yo hago mi juego, lo que me pide el profe. Se pueden decir muchas cosas pero yo estoy tranquilo y sereno, trato de ayudar a la gente más joven y hacer lo que se me pide, a veces se da y en otras ocasiones no, insisto, cuando hago goles no soy el mejor jugador ni el peor cuando no convierto”, dice.

 

Si bien es cierto se convirtió en la figura de la jornada seis, Matías tuvo semanas complicadas porque consiguió un gol en la primera fecha del torneo y después se fue en blanco, lo que generó presión en su entorno y juicios porque pocos creían en contratación y más por los antecedentes con los que llegó.

 

“Por momentos estaba tranquilo porque se habían generado situaciones de peligro pero no se habían concretado, solamente era tener un poco de confianza, era que entrara una y entonces lo demás sería más sencillo, y así pasó con el Atlas, me siento contento pero apenas estamos empezando, falta camino por recorrer”.

 

A los 30 años, Alustiza brilló con luz propia el pasado fin de semana y demostró que, a pesar de ser uno los jugadores más pequeños del balompié mexicano con apenas 1.65 metros, es una situación que no le afecta, la baja estatura lo compensa con su gran calidad futbolística.