RÍO DE JANEIRO.- México ha llegado a la misma instancia dos veces el mismo día en dos mundiales separados 16 años entre sí. Y las dos veces se ha repetido la misma historia. El equipo tricolor comienza el duelo jugando con categoría y personalidad frente a un rival superior en nombres, en prestigio, en favoritismo en el torneo.

 

Hace 16 años fue Alemania. El equipo que dirigía Manuel Lapuente enfrentó a los europeos en Montpellier, en la costa francesa, después de haber pasado una dura primera fase en la que empates ante Holanda y Bélgica y una victoria frente a Corea del Sur los puso en la Segunda Fase.

 

Y para sorpresa del mundo, que daba por descontada la victoria fácil de Alemania, México jugó con temple y consiguió adelantarse en el marcador con un gol obra de la lucha que caracterizaba al Matador Luis Hernández, que peleó un balón hasta que este fue a dar al fondo de la red.
Los alemanes no daban crédito, estaban perdiendo el juego y no tenían la llegada suficiente para pensar que podrían fácilmente dar la vuelta al marcador. Incluso, el 2-0 se asomó dos veces, una en pies del propio Matador y otra en un tiro del Cabrito Arellano, que Lothar Matthaeus desvió providencialmente para su equipo.

 

Pero México terminó atrás, con la intención de defender el marcador. O quizá los aventó hacia su arco el ímpetu teutón, que terminó dándole la vuelta al marcador en unos cuantos minutos, cuando el partido ya se acercaba al final. La verdad es que ese día, desde el palco de prensa del estadio, la sensación de derrota tenía largo rato rondando, aunque México aún iba arriba en el marcador.

 

Esta vez fue más cruel, tanto que ni siquiera nos dimos cuenta, en medio del fervor, a qué hora se echó para atrás Miguel Herrera. Fue evidente que cuando sacó a Giovani dos Santos, dio instrucciones a Javier Aquino de que se metiera a defender atrás. Dejó sólo adelante, para un hipotético contragolpe primero a Peralta y después al Chicharito Hernández.

 

Pero debimos sospecharlo cuando Holanda tomó el balón y lo llevó tantas veces al frente y tantas veces, que el resultado debió parecer inminente como aquella vez en Montpellier. Pero no, estábamos emocionados, creyendo en que el equipo seguía creyendo.

 

Y bueno, el resultado fue el mismo, exactamente 16 años después, un 29 de junio, la selección mexicana deja el Mundial cuando todo nos hacía soñar en que estaría en Cuartos de Final.