El fondista mexicano José Luis Macías Luna, de 62 años, batió hoy en Los Ángeles un récord personal después de 25 años ininterrumpidos de ejercicio en un recorrido que le ha llevado por varios países, en un intento por demostrar que no hay edad que impida la práctica deportiva.

 

El 1 de mayo de 1989, pesando cerca de 100 kilos y teniendo problemas con la bebida, Luiggy, como se conoce a Macías, se propuso la meta de correr diariamente entre 6 y 20 kilómetros, con la que hoy completó 9131 días ininterrumpidos.

 

“Yo me propuse esta meta hace 25 años y me comprometí al grado de que hubiera podido fallecer”, declaró Macías luego de completar su nuevo récord personal.

 

El atleta, nacido en Ciudad de México en septiembre de 1952, recordó que cuando acudió por primera vez a un entrenador para empezar a correr, éste lo hizo entrenar durante 15 minutos y luego a pesar del agotamiento le exigió que corriera otros 15 minutos más tratando de superar la distancia del primer intento.

 

“Yo no estaba preparado, pesaba casi 100 kilos y no había tenido un examen médico previo. Sin embargo poco a poco me fui acostumbrando y seis meses después corrí mi primera maratón en Ciudad de México, en cuatro horas y 13 minutos”, contó.

 

El atleta mexicano informó hoy que ha establecido 254 marcas personales de importancia y ha visitado 25 países para establecer sus nuevos registros, en sitios tan diversos como la Plaza de San Pedro en Roma, donde completó 100 mil kilómetros recorridos, o el estadio Rommel Fernández en Panamá.

 

Con su ejercicio diario, Macías completó hoy en el Memorial Coliseum de Los Ángeles, California, más de 63.400 millas (102.166 kilómetros) recorridas, sin importar las condiciones del clima o los quebrantos menores de salud.

 

“El ejercicio ha favorecido mi salud y aunque en estos 25 años he tenido algún que otro problema físico nunca he sufrido una enfermedad grave”, afirmó el atleta que ahora pesa 143 libras (65 kilos).

 

Una de sus motivaciones principales ha sido el entrenar a los niños pobres en un barrio del Distrito Federal en México.

 

Macías contó que en julio de 1993, en el Camellón Eduardo Molina, inició con sus propios recursos y sus propias manos la construcción de una primera pista para entrenar a los pequeños y que se terminó en 1996.

 

“Cuando al principio pedí ayuda a los políticos no me dieron nada, pero cuando termine ahí sí aparecieron”, recuerda Luiggy, con una sonrisa.

 

Gracias a su esfuerzo y su empeño para ayudar a esa comunidad desfavorecida actualmente hay cuatro pistas construidas, incluyendo “una de 200 metros para niños” y también hay un gimnasio para entrenamiento de boxeo al aire libre del cual han salido tres campeones mundiales de boxeo mexicano, Edgar Sosa, Ana María Torres y Johnny González, sobrino de Macías.

 

Con el Centro Deportivo Luiggy, inaugurado el 3 de marzo 1996, el deportista mexicano se planteó dos metas según comentó: una es completar siete pistas en honor a los siete campeones olímpicos mexicanos incluida Ana Gabriela Guevara y la otra es la de tener un coliseo grande “como éste”, refiriéndose al Memorial de Los Ángeles.

 

El momento más crítico del cuarto de siglo que completó hoy corriendo, lo vivió Macías cuando perdió su trabajo, “donde ganaba muy bien”, y casualmente acaecido en el mismo día de la muerte de su padre.

 

A pesar de los años, a Macías le sigue humedeciendo los ojos al hablar de eso, aunque asegura que “Dios sabe por qué y mi padre me sigue viendo cada día”.

 

A pesar de no tener las cifras certificadas por una organización, por falta de una entidad que las pueda verificar, el atleta considera que su honestidad y su vida son los mejores testigos de las metas que ha logrado en los pasados 25 años.

 

A la comunidad hispana del Sur de California y en general de los Estados Unidos, el ejemplo de Macías trae un mensaje muy importante sobre la relación entre ejercicio y valores personales.

 

“A los jóvenes, tanto hispanos como de todos los orígenes les aseguro que, después de Dios, sigue el deporte. El deporte nos da honestidad, humildad, disciplina y nos hace ser positivos ante todos los obstáculos”, aseveró.

 

Para el mexicano, la motivación diaria para continuar luchando por sus metas es su propia gente.

 

“Yo cargo una maleta que es muy ligera, que son todos ustedes, que es mi comunidad. Cuando voy corriendo corren todos ustedes y eso me da fuerza para seguir adelante”, aseguró el deportista que ya piensa terminar la quinta pista atlética en el barrio de niños pobres de Ciudad de México.