La fría mañana no lo fue tanto para los elementos de seguridad que tuvieron un inicio de lunes apresurado para garantizar la seguridad en las inmediaciones de la residencia oficial de Los Pinos, que fue resguardada por policías federales, Cuerpo de Guardias Presidenciales, Estado Mayor e incluso militares, quienes cubrieron las entradas como medida de seguridad por posibles movilizaciones o disturbios.

 

En punto de las 10 de la mañana, como decía en las invitaciones al solemne evento, el titular del Ejecutivo arribó a la carpa instalada en una de la explanada Francisco I. Madero, no sin antes demostrar seguridad al caminar por una de las pequeñas avenidas flanqueado por integrantes del Estado Mayor Presidencial que no se le despegaron hasta su llegada al podio.

 

Antes de iniciar su discurso, Peña Nieto enviaba saludos y cruzaba los brazos a manera de fuerte abrazo para los más de 500 invitados a su informe, el primero que se realiza en Los Pinos.

 

Debajo de la banda presidencial se asomaba apenas el nudo de una corbata gris que le daba el toque de la formalidad que ameritan los actos protocolarios que se realizan solo una vez al año. El político mexiquense no se arriesgó a lucir una corbata con tonos rojos, que caracteriza al priismo mexicano. Por el contrario, sus asesores le manejaron una imagen reservada y formal con esa vestimenta: traje negro, camisa blanca y corbata gris en tonos plateados.

 

Así fue gran parte de su discurso, juicioso, casi sin equivocaciones, apenas un par de palabras que se trastabillaban. El ejecutivo gesticulaba en el momento que tenía que gesticular, señalaba cuando tenía que señalar y daba la pauta para que lo interrumpieran los aplausos.

 

El teleprompter ayudó en los momentos justos en que el titular del Ejecutivo federal tenía que hacer alusión a nombres o enfatizar ciertas frases, instante en que las letras se coloreaban de verde y el mandatario arremetía con mayor fuerza en su mensaje.

 

Las interrupciones

 

Después de los agradecimientos, al menos 15 ovaciones al unísono de los invitados interrumpieron el discurso de Peña Nieto. El primero fue cuando el presidente de México agradeció la presencia de su esposa Angélica Rivera y sus hijos. La familia presidencial estaba justo en la primera fila frente al escenario.

 

El segundo aplauso, más largo que su antecesor, se registró cuando el mandatario dijo: “desde diciembre, el país emprendió una transformación de fondo, a partir de la Reforma Constitucional en Materia Educativa, promovida desde el Pacto por México”. Y se llevó las palmas porque esa misma madrugada del lunes, los diputados federales habían avalado la Ley general del Servicio Profesional Docente, ley secundaria de la reforma educativa.

 

A pesar de lo que se esperaba, la seguridad vivió un día calmado. No hubo marchas ni consignas como las registradas el domingo, cuando el secretario de Gobernación, Miguel Osorio Chong, entregó al Congreso de la Unión el escrito que contenía Primer Informe de Gobierno de las acciones del Ejecutivo del 1 de diciembre de 2012 al 31 de agosto.

 

Sin embargo, los elementos de seguridad se mantuvieron en vialidades como la Calzada Chivatito, Avenida Constituyentes, Molino del Rey y Parque Lira, mismas que rodean a la Residencia Oficial de Los Pinos.

 

Dentro de la carpa, el tercer aplauso se lo llevó la frase: “Aprovecho esta oportunidad para hacer un reconocimiento, también, a los Legisladores por su profesionalismo y compromiso con México. Son conscientes del momento histórico que les ha tocado vivir y han actuado con firmeza, asumiendo la urgencia de concretar reformas que México necesita”.

 

Ayer, se pudo ver a un Peña Nieto calmado, los aplausos hacían que el presidente mexicano diera puntual todo su discurso en el que incluyo: “el Gobierno de la República no tolerará que nadie pretenda hacer justicia por sus propios medios”, y sonaron más ovaciones.

 

A esas vitoreadas, se sumaron otras que aparecían cuando Enrique Peña mencionaba los grandes rubros que contienen los 95 compromisos de su administración, tales como vivienda, educación, seguridad.

 

Una hora bastó para que Peña Nieto englobara las acciones de su gobierno en sus primeros nueve meses. Después del solemne evento y muchas palmadas  y apretones de mano, el político mexiquense caminó por la misma pequeña avenida por donde llegó, pero ahora del brazo de la Primera Dama, mientras los elementos de seguridad esperaban la retirada.