Desde hace dos años, por lo menos, Los Caballeros Templarios comenzaron una guerra contra los cárteles Jalisco Nueva Generación y los hermanos Beltrán Leyva. Tejieron redes de células que les permiten defender su territorio y atacar a sus enemigos.

 

Las células se componen de entre tres a seis integrantes, que operan de forma autónoma por los territorios que les han asignado, aunque en un entretejido que permite su vinculación para realizar operaciones conjuntas.

 

Esos grupos portan armas, tienen radios de intercomunicación, algunos utilizan  uniformes y se desplazan por camionetas entre municipios de Michoacán, Guerrero, estado de México, Morelos y Jalisco, principalmente, aunque su dominio alcanza la parte sur de Guanajuato y Querétaro, además del Distrito Federal, de acuerdo a los informes de agencias mexicanas y de Estados Unidos.

 

Pero los informes de inteligencia del gobierno federal muestran cómo Los Templarios lograron cooptar a grupos guerrilleros como el Ejército Revolucionario del Pueblo Insurgente (ERPI), lo que modificó su despliegue y alimentó una nueva estrategia, el uso de tácticas vinculadas a la llamada guerra popular prolongada, en que se integran, por ejemplo, grupos armados y se extienden en células para dominar el territorio y enfrentar a sus enemigos, incluyendo las fuerzas del Estado, con operaciones rápidas y generalmente planificadas, con apoyo social.

 

Existen otras células parecidas a los comandos de ataque, pero que su función es generar temor a sus enemigos, dominar una zona de territorio, cometer extorsiones, robos y hasta secuestros, además de atacar a sus enemigos, sean miembros del crimen organizado, policías y Fuerzas Armadas.

 

Ayer, el procurador Jesús Murillo Karam, aportó más datos sobre estas células, al reconocer que los tres detenidos, acusados del asesinato del vicealmirante Carlos Miguel Salazar Ramonet y al segundo contramaestre, recibían de Los Templarios un salario de 7 mil 500 mensuales, cada uno, para robar, extorsionar y secuestrar, o cometer otro tipo de delitos.

 

Este grupo viajaba en una camioneta Suburban robada, portaban cuatro AK-47 y una corta, además de equipo de intercomunicación.

 

En donde se cometió este ataque es una zona en la que, hasta ahora, la Fuerza de Intervención que iniciaron operaciones hace 10 meses en Michoacán, no mantienen una presencia permanente, ya que se han concentrado en Tierra Caliente y recientemente La Costa.

 

La presencia de las células se extiende por todo el territorio michoacano, defienden no sólo la siembra de marihuana y amapola, también el trasiego y almacenamiento de las drogas sintéticas, además de bosques y minas que les reditúan ganancias.

 

La semana pasada, el gobernador interino de Michoacán, Jesús Reyna, sostuvo que más del 90% de las carreteras habían sido recuperadas en el estado, el ataque puso en evidencia que no es así, que las células templarias están activas y en movimiento.

 

MAPAmichyalrededor

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