El atleta guatemalteco Érick Barrondo, decidió solicitar un préstamo bancario para regalar una televisión a sus padres. Faltaban 45 días para la inauguración de los Juegos Olímpicos de Londres 2012 y sus maletas estaban listas para salir rumbo a Europa para culminar su preparación.

 

Sabía que en la madrugada (tiempo de Guatemala) del 4 de agosto, probablemente, él saldría en las pantallas de la televisión de todo el mundo, en el conglomerado principal de marchistas en la competencia de los 20 km. La probabilidad de que encabezara al grupo era elevada si tomamos en cuenta que Érick había ganado la medalla de oro en los Juegos Panamericanos en Guadalajara en 2011.

 

No había que dejar pasar la oportunidad de que sus padres lo observaran en el reto más importante de su vida. Así sucedió. Érick Barrondo ganó la medalla de plata en marcha de 20 km y, al mismo tiempo, irrumpió como héroe en la historia de Guatemala al convertirse en el primer medallista olímpico.

 

Los políticos son los grandes medidores de la popularidad. El presidente de Guatemala, Otto Pérez Molina, comprendió que, por el bien de la identidad nacional, el triunfo de Érick merecía ser celebrado por todo el país. Y es que los triunfos deportivos son la vía más corta para generar y contagiar de identidad a la población. El ser gregario se alimenta de emociones compartidas.

 

Tal vez sea ésta la razón por la que un triunfo personal se tenga que extrapolar a nivel nacional. Barrondo subió al pódium junto con 15 millones de guatemaltecos.

 

Desde el ministerio de Gobernación, Karla Herrera, del área de Comunicación, se puso en contacto con los padres de Érick. Les comunicó que el presidente estaba dispuesto a enviarlos a Londres para reencontrarse con su hijo. No sólo eso. Tendrían la oportunidad de verlo competir en la marcha de 50 km que se celebraría una semana más tarde.

 

En la casa familiar, en la región de San Cristóbal Verapaz, doña Dora Leticia y don Bernardo, se emocionaron. En pocas horas, la vida de su hijo cambió de manera radical. Y la de ellos también. Sin embargo, los padres no pudieron viajar. El destino histórico de la familia Barrondo siempre ha sido brumoso.

 

Dos obstáculos se interpusieron entre Guatemala y Londres.

 

Del primero, emerge un problema que se reproduce en la región: la inmigración ilegal. La madre de Érick tiene nacionalidad salvadoreña y se encuentra en Guatemala de manera irregular. La pobreza ha sido una constante en su vida, y por ello fue empujada por su propia voluntad a la búsqueda de oportunidades.

 

Al conocer la intención del presidente, Dora Leticia se emocionó pero en su interior sabía que no sería fácil llegar a Londres. Desde la nobleza de su humildad, escondía la incomodidad de revelar a funcionarios del Ejecutivo su estatus migratorio. Mientras las dudas oscilaban entre el orgullo y el sentimiento de viajar a Londres para abrazar a su hijo, nació un nuevo obstáculo, quizá mayor.

 

La voz del entrenador de Érick Barrondo, el cubano Rigoberto Medina, retumbó en las oficinas del ministerio de Gobernación. La orden de Medina no dejaba ni una sola duda, y mucho menos, no podía ser mal interpretada por sentimientos familiares ni por decretos presidenciales: “Los padres de Érick no deben de viajar a Londres”.

 

Para el entrenador, la concentración del atleta no podía sucumbir en algo que bien se podía llamar bombas de emociones. De haber viajado a Londres, antes de que éste participara en la marcha de los 50 km, los padres se hubieran convertido en los protagonistas de un reality showbajo la mirada de 100 puntos de rating, es decir, de 15 millones de chapines, como se les denomina a los guatemaltecos.

 

Los padres se resignaron a ver a su hijo a través de la televisión. Pero no esperaban que viejas rencillas con el presidente municipal aparecieran unas horas antes de la competencia.

 

Unos meses atrás, doña Leticia y don Bernardo se quejaron por la falta de apoyo para su hijo por parte del presidente municipal de Chiyuc, en la región de Alta Verapaz, lugar donde se ubica su casa. En correspondencia, el presidente municipal, en contubernio con directivos de la empresa cablera que provee el servicio a la familia Barrondo, decidieron suspenderles la señal.

 

Demasiados obstáculos se presentaban en la marcha emprendida por los padres de Érick para verlo por televisión.

 

La angustia de los padres llegó a la presidencia, y nuevamente el jefe del Ejecutivo ofreció una solución al conflicto. El viernes 10 de agosto, un helicóptero descendía en la municipalidad de Chiyu para rescatar a la pareja del acecho del desasosiego y, de esta manera, pudieran observar la competencia en la residencia oficial del presidente. Tres días antes ya habían sido recibidos por Otto Pérez Molina. Se conocían.

 

Toda final olímpica es catártica. Érick Barrondo se encontraba en la novena posición (en la competencia de los 50 km a ocho kilómetros de la meta) cuando un juez se le acercó para mostrarle, por tercera ocasión una tarjeta. Estaba descalificado. No importa. Su nombre ya había ascendido al espacio de los inmortales guatemaltecos.

 

Si la pobreza reduce el espectro de la conciencia de la libertad, unos cuantos millones, en un entorno gobernado por la pobreza, incrementa el riesgo de ejercer la libertad. Érick Barrondo recibió 65 mil dólares (845 mil pesos) por parte de la Confederación Deportiva, pero sumará más de dos millones de pesos entre otros premios. Ahora, el Gobierno de Otto Pérez Molina le ha asignado un grupo de guardespaldas a él y a sus padres porque sus vidas se convertirán en foco de riesgo: objetivo para secuestradores. Así se presentan las paradojas ante la gente humilde.

 

Ayer, Érick Barrondo recibió en el Congreso guatemalteco la Orden del Soberano Congreso del Gran Caballero.

 

“Vamos a buscar siempre sacarle lágrimas, pero no de amargura, sino de alegría a todos los guatemaltecos. Nos pusimos la camiseta azul y blanco para unirnos con orgullo y para demostrar que Guatemala puede”, declaró  Érick Barrondo frente a todos los diputados.

 

Guatemala lo convirtió en héroe y él convirtió a Guatemala en una nación unida por su triunfo.