El desempeño de gobiernos priistas con problemas de inseguridad afectó a sus candidatos al Senado y la Cámara de Diputados en estados como Coahuila, Veracruz, Nuevo León y Tamaulipas, aunque los pocos éxitos de la administración, como en Tlaxcala, también influyeron en los reveses.

 

En la primera entidad, donde Rubén Moreira ganó en 2011 con 60% de los votos, el PRI le prometió 800 mil votos a su candidato presidencial, sin embargo, apenas le dio 400 mil y el margen por el que superó a la panista Josefina Vázquez Mota fue de sólo 30 mil sufragios.

 

Agobiados por una crisis de seguridad debido a la lucha por el territorio que mantienen los cárteles de Sinaloa y Los Zetas, los electores del estado también parecen haber cobrado cuentas al PRI por el endeudamiento desmedido de la administración de Humberto Moreira, quien pasó del gobierno a la Presidencia del PRI pero tuvo que dejarla al descubrirse que había contratado deuda por más de 13 mil millones de pesos con documentos falsificados.

 

Quienes pagaron por estos hechos fueron los candidatos: dos hijos de ex gobernadores vieron frustrada su ambición de llegar al Senado -Braulio Manuel Fernández, quien fue vencido por el panista Luis Salazar- y San Lázaro -Enrique Martínez y Morales, derrotado por Esther Quintana-. La otra candidata el Senado, Hilda Flores, incondicional del ex líder del PRI, también quedó fuera de la Cámara. Otro hijo de ex mandatario, Fernando de las Fuentes, ganó por un margen de cinco mil votos pero sí alcanzó lugar en el Congreso.

 

En Veracruz, donde la guerra de grupos del crimen ha causado enfrentamientos constantes, los candidatos del PRI, incluido Enrique Peña, que ganó apenas por poco más de mil votos, también sufrieron las consecuencias. Dos personajes con añeja militancia en el tricolor perdieron en las elecciones para diputados: Gaudencio Escobar, ex procurador del gobernador Javier Duarte y responsable de la persecución contra dos tuiteros a quienes se encarceló por difundir información falsa bajo cargos de terrorismo.

 

Un empresario, muy vinculado a Duarte, Francisco Cessa, que compitió por el distrito ganado por Duarte, en Córdoba, del que saltó a la gubernatura, también fue derrotado, como le sucedió también a todos los aspirantes registrados por los distritos del puerto de Veracruz.

 

Nuevo León fue escenario de un caso paradigmático, ya que ni la mala fama del ex edil de Monterrey, Fernando Larrázabal, cuyo hermano fue acusado de extorsionar centros de apuestas unos días después del atentado contra el Casino Royale, que causó 53 muertos, fue suficiente para que el político fuera derrotado. De hecho, el panista se midió con Aldo Fasci, ex secretario de Seguridad del estado en las administraciones de Rodrigo Medina y Natividad González, y lo derrotó, aunque el priista presentó un recurso para el recuento de votos.

 

En Tamaulipas, seis de los ochos distritos federales fueron ganados por el PAN, que venció en todos los correspondientes a las frontera, Río Bravo, Reynosa, Matamoros y Nuevo Laredo, de hecho, Gabriel de la Garza, quien fue presidente municipal de San Fernando, fue derrotado en la disputa por el distrito que corresponde a Río Bravo.