De acuerdo con la lista nominal de electores, en el Estado de México hay 10 millones 396 mil 537 personas con capacidad de votar en los comicios del 1 de julio. Ninguna entidad tiene ese peso, en buena medida porque ahí se concentran los municipios más poblados del país, Ecatepec -que tuvo más de un millón 242 mil votos en 2006-, Nezahualcóyotl -633 mil 533-, Tlalnepantla -504 mil 580, Cuautitlán e Izcalli -478 mil 613- y Naucalpan -402 mil 704-, suficientes para inclinar la balanza en una contienda reñida.

 

Tierra de origen del candidato del PRI, Enrique Peña Nieto, ha presentado resultados contrastantes: en las pasadas elecciones presidenciales favoreció a Andrés Manuel López Obrador, quien obtuvo 43% de los cinco millones 701 mil 32 votos emitidos, aunque apenas un año antes había dado un triunfo contundente al joven candidato del PRI, el mismo Peña, con 47% de los sufragios.

 

En ese estado comenzaron los éxitos electorales para la entonces oposición, el PAN y el PRD en los 90, los primeros en el norte de la zona conurbada a la Ciudad de México, donde se formó el “corredor azul” que incluía a Naucalpan, Tlalnepantla, Atizapán y Cuautitlán, mientras el sol azteca llegó a gobernar Nezahualcóyotl, Chalco y Ecatepec.

 

Sin embargo, los tiempos de bonanza para esas organizaciones se acabaron con la llegada de Peña Nieto al poder; aunque antes de ser elegido por Arturo Montiel había mantenido un perfil bajo, tras ganar la elección de 2005 se abocó a recuperar los municipios en poder de Acción Nacional y PRD.

 

Si bien en 2006 no pudo evitar la derrota de su partido en las presidenciales y las municipales, en 2009, de la mano del sindicato magisterial, encabezó un operativo para desbancar a sus contendientes y se quedó con todos los ayuntamientos grandes, la mayoría en el Congreso local, y envió una nutrida representación a la Cámara de Diputados, formada con ex gobernadores como Emilio Chuayffet, operadores de Montiel como Alfonso Navarrete Prida, y sus propios alfiles, como Luis Videgaray, quien presidió la poderosa comisión de Presupuesto antes de pedir licencia para dirigir la campaña de Eruviel Ávila y luego la del propio Peña.

 

En 2011, al terminar el mandato de Peña, quien durante su sexenio se convirtió no sólo en un gobernador evaluado sino en protagonista de especiales en televisión, fue seguido acuciosamente por las cadenas informativas y se casó con una actriz de telenovelas, la elección se planteó como un referendo sobre su popularidad y desempeño.

 

El propio gobernador aseguró que no podía pensar en la candidatura presidencial si antes no ganaba su estado; los resultados de los comicios, realizados el 3 de julio, hablan por sí solos, Ávila ganó con 61% de la votación, aunque la abstención fue de 54%.

 

Aunque la maquinaria electoral del Estado de México es la envidia del priismo, el PRD confía en competir en los municipios vecinos al DF, debido a la amplia ventaja que la izquierda tiene en la competencia en la capital.

 

“En el Estado de México hay un reposicionamiento del PRD, sobre todo en la zona oriente”, dice Luis Sánchez, líder del sol azteca mexiquense, quien asegura que el partido cuenta con amplias posibilidades de triunfo en Nezahualcóyotl, Los Reyes La Paz, Chimalhuacán, Amecameca y Valle de Chalco, de acuerdo con sus encuestas.