El problema del agua en la Ciudad de México es que desde hace 400 años se ha tratado de resolver a “tubazos”. Es momento de comenzar a pensar que la sustentabilidad de la cuenca implica más que bombas y tubos, tenemos que entender la dinámica ecosistémica y asumir la responsabilidad de la destrucción del suelo de conservación, afirmó Luis Zambrano.

 

El investigador titular del Instituto de Biología de la UNAM, recordó que en la colonia se construyó el primer gran drenaje para evitar inundaciones: el Tajo de Nochistongo. La versión moderna es el Túnel Emisor Oriente (TEO) que es “el Gran Tubo”. Pero es evidente que, después de 400 años, no ha funcionado tratar el problema del agua en la Ciudad de México “a tubazos”.

 

Nuestros problemas de agua empeoran día con día y ahora estamos concentrados en echarle la culpa a la basura en el drenaje, señaló el especialista en su artículo titulado “Dios da el agua, pero no la entuba…”, en referencia a la respuesta que hace unos meses ofrecieron el titular de la Conagua, José Luis Luege y el director del Sistema de Aguas de la Ciudad de México, Ramón Aguirre, frente a la crisis del Sistema Cutzamala, que abastece 30% del agua que utiliza la Ciudad de México.

 

En el texto publicado en el portal transeúnte.org, Luis Zambrano se refiere a los proyectos que buscan resolver la escasez del agua bajo el paradigma del tubo. El primero, que plantea traer agua del Golfo de México busca abastecer a la ciudad de agua a partir de las zonas de donde sobra: el mar.

 

“Para lograr esto, el agua se tiene que desalinizar, potabilizar, transportar unos 300 kilómetros y elevar más de dos mil 500 metros para que ´brinque´ la cordillera y llegue al Valle de México. Esto parece ser una buena idea, tan buena que la naturaleza lo hace gratis todos los años durante la época de lluvias. Toma el agua del mar, la evapora y purifica, la acarrea muchos kilómetros y la sube hasta nuestro valle en forma de lluvia. Y nosotros la regresamos contaminada, pues la juntamos con el drenaje, directo al Golfo de México, gracias al Tunel Emisor Oriente (el papá de todos los tubos)”.

 

El problema con este proyecto es la cantidad de energía que demandarían las bombas que tendrían que subir esa agua desde el puerto de Veracruz hasta el valle Tenochca.

 

Pero traer agua que se encuentra a dos mil metros de profundidad, como se ha planteado también implica grandes costos. Las aguas que están a esa profundidad por lo general tienen metales pesados o sulfuros, así que habría que gastar en purificarla, y si falla la planta purificadora, el riesgo no es una infección estomacal, sino problemas de salud más serios generados por este tipo de contaminación, como enfermedades autoinmunes o cáncer generado por estar expuestos a concentraciones altas de metales pesados o sustancias organocloradas.

 

Otro proyecto a base de tubos consiste en infiltrar el agua de lluvia. Y el Gobierno del DF ya está listo para comenzar a hacerlo con un previo tratamiento, al acuífero, pero ello implica gastar dinero en purificar el agua lluvia, inyectarla al acuífero y después extraerla del mismo y volverla a purificar.

 

“Me pregunto ¿por qué, en vez de bajarla a los acuíferos, no la dejamos arriba de una buena vez? La respuesta está en la falta de espacio, ya que éste es uno de los recursos más importantes de la ciudad y ahora lo tienen acaparado líderes invasores y especuladores de tierra, para hacer condominios en el suelo de conservación”.

 

Tenemos que entender la dinámica ecosistémica para poder manejar el agua. Esto quizá limite el negocio de las constructoras de departamentos, pero en cambio beneficiaría a más de 20 millones de habitantes, asegurándonos así el agua y de paso, ahorrándonos el dinero de nuestros impuestos que se gasta en tantos tubos y energía, puntualizó.