Para los franceses sumergidos en su pozo literario podría resultar repulsiva la idea de pensar, no digamos entrar, en una librería que vende, exclusivamente, libros en inglés. Sin embargo, la atmósfera de la librería parisina Shakespeare and Company rompe con cualquier tipo de paradigma ideológico.

 

Se habla de que Jack Kerouac, Allen Ginsburg y William Burroughs visitaron la librería Shakespeare and Company, y no sólo eso, también acudieron a ella para recitar poesía. Qué mejor promoción literaria para los dueños de cualquier librería que la de utilizar el espacio para dar cabida a los autores de los libros con objeto de que lean frente a sus lectores. Pues bien, George Whitman, dueño de la librería Shakespeare and Company, dedicó los últimos años de su vida a tan noble oficio.

 

Ayer jueves, en el portal de internet de la librería, sobresalía el siguiente mensaje (en inglés): “El funeral de George Whitman será el 22 de diciembre en el cementerio de Père Lachaise en la sala de la Coupole número 71 ubicada en la avenida Rondeaux 75020 en París. La estación de Metro es Gambetta (no es la estación Père Lachaise). La ceremonia iniciará a las 3 de la tarde”. A lado del mensaje aparece una frase de William B. Yeats: “No seas inhospitalario con los extraños, puede que sean ángeles disfrazados”. En efecto, George Whitman murió el pasado 14 de diciembre a los 98 años de edad.

 

Nacido en Nueva Jersey en 1913, Withman fue suboficial médico durante la Segunda Guerra Mundial y se mudó de manera definitiva a París en 1948. Fue sobrino nieto del poeta estadunidense Walt Whitman, y en París tuvo muchos amigos relacionados con el mundo de la literatura y la política. Francois Mitterrand vivió muy cerca de Shakespeare and Company ubicada en el número 37 rue de la Bûcherie.

 

La hija de George Whitman, Sylvia tomó las riendas de la librería desde hace algunos años. Entiende a la perfección los tiempos venideros. Sylvia desarrolló la página en internet de Shakespeare and Company. Ha declarado en varias ocasiones que a pesar de la existencia de los libros electrónicos, la atmósfera de la librería es admirada no solo por los visitantes habituales sino por los turistas.

 

Cuando a George Whitman le pedían que describiera a su librería, él lo hacía como de novela: “Soy guiado a través de la poesía y las secciones de ficción moderna, y también por unas pequeñas habitaciones que se perciben más como una biblioteca que como una empresa comercial (…) Estudio las paredes empapeladas con recortes de noticias y postales, subo las escaleras atravesando obras y dramaturgos hasta el piso superior” (BBC Mundo).

 

Las personalidades de las librerías adoptan, en muchas ocasiones, los rasgos de sus dueños o encargados y son ellos, los rasgos, los que se convierten en el atractivo fundamental de sus visitantes. Shakespeare and Company es un buen ejemplo.