No es posible demandar de las piernas de un futbolista hasta 70 partidos al año, sin que el rendimiento o, peor aún, los músculos, lo resientan.

Y ahí están los mejores jugadores del mundo intentando funcionar a plenitud durante 38 encuentros de liga, y 11 de copa, y 2 de supercopa de su país, y otro de supercopa europea, y algunos más si en su torneo hay copa de la liga, y 13 de Champions League, y 10 con su selección nacional, y por ahí hasta Mundial de clubes.

En eso se ha convertido el futbol de élite: ellos cobran millones y a cambio han de exprimir su talento, sudor y masa muscular a todo lo que dé. Después vendrá el verano, jugarán –según el caso- Eurocopa, Copa América o Mundial, pequeñas vacaciones, mini-pretemporada, y a reiniciar motores. Actividad para biónicos.

Cada que finaliza una jornada con las selecciones nacionales, como lo fue la anterior, la prensa europea se refiere a este fenómeno como Virus FIFA.

Entonces surgen estadísticas muy reveladoras: el implacable Barcelona disminuye su cosecha de puntos del 80 al 50 por ciento.

La razón no radica solamente en el par de partidos que Messi jugó con Argentina, o Iniesta con España, o Keita con Mali, o Alves con Brasil, o Abidal con Francia, o Alexis con Chile, sino en los kilómetros recorridos y el consiguiente jetlag con que cargan los futbolistas. Si a eso añadimos el hecho obvio de que se rompe la concentración de un grupo al haber viajado cada uno de sus componentes a misiones distintas con motivaciones diferentes y jugando sistemas de lo más variados, entonces no es de extrañar: aunque a veces lo parezca, no son robots ni lo serán por mucho que se les aumente el sueldo y la capacitación.

Sucede que si se eliminara algún certamen de la temporada, disminuirían los ingresos de cada club. Eso hace imposible cualquier vuelta atrás en cantidad de torneos y partidos, pues gracias a ese volumen de ganancias sigue siendo posible mantener semejantes nóminas y pagar semejantes traspasos.

Ahí se origina la confrontación: por un lado, el club, que es quien carga con salarios de 12 millones de euros al año; por otro, la selección nacional, verdadero amor de la mayoría de los futbolistas y puerta para jugar lo más grande que es el Mundial.

¿A qué se llega? A que no falte quien finja una lesión para estar fresco de cara a un cotejo importante de su equipo o de su país.

Le dicen Virus FIFA a la diezmada forma con que vuelven los internacionales a su club tras cada jornada de selecciones, pero el genuino virus radica en no saber calendarizar y programar la temporada de forma prudente y coherente.

No en vano, a cada final de campaña llegan las piernas más virtuosas lesionadas y los cerebros más creativos, quemados… Tambalea la gallina de los huevos de oro y nadie hace algo para evitarlo.

Alberto Lati

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