Que el líder de un país reconozca que no está seguro, que no sabe de la existencia de presuntos grupos interesados en desestabilizar la nación o atentar contra un proyecto de gobierno debe generar preocupación entre la población.

 

Si alguien debe estar enterado de los asuntos de seguridad nacional es el presidente de la República. Si sus colaboradores encargados de los asuntos de política interna no están enterados, quiere decir que no están funcionando sus centros de inteligencia.

 

Peor aún sería que no estén enterando al Presidente de la existencia de peligrosas fuerzas oscuras enemigas de México infiltradas en las protestas de quienes claman justicia por la desaparición de los 43 estudiantes de la escuela Normal de Ayotzinapa.

 

PAG-3_NTMX_Peña_1

 

El reconocer públicamente que ignora la existencia de esos presuntos conspiradores es hacer señalamientos sobre supuestos. Verter en la opinión pública internacional un ingrediente más que evidencia la crisis estructural de México: un sistema político sustentado en la corrupción, uno que décadas atrás negoció con mafias criminalizando al régimen desde las presidencias municipales.

 

Un régimen que desde los albores del siglo XX vio en la ignorancia y en la pobreza el medio de control más eficiente para perpetuar a unos cuantos en el poder, bajo una estructura de partidos que fuera definida con endemoniada precisión como “La Dictadura Perfecta”por el escritor peruano Mario Vargas Llosa.

 

Un régimen sustentado en un “monopolio político”que maduró durante el siglo XX, entró en coma en el año 2000 y revivió en el 2012 en condiciones muy cuestionadas, para sorpresa de muchos. Hoy pareciera que el regreso del Partido Revolucionario Institucional (PRI) opera exactamente igual que en los años 70 y 80.

 

Corrupción, saqueos, enriquecimiento ilícito… al igual que en las épocas de Luis Echeverría, José López Portillo, Miguel de la Madrid. Hoy los políticos siguen exactamente con el mismo patrón moral: fastuosas propiedades, deuda pública por los cielos a todos niveles, licitaciones amañadas, poca transparencia en áreas de compras y cientos -quizá miles- de etcéteras.

 

Pero hay algo que sí cambió: la instantaneidad de comunicación gracias a los avances tecnológicos. Hoy el corrupto es fácilmente evidenciado. Siempre habrá quien lo vea, quien lo grabe, quien lo filme o quien lo fotografíe. Y peor aún, el corrupto no está acostumbrado a atajar crisis a la velocidad de la inmediatez.

 

Gracias a las redes sociales, el escándalo asociado a la corrupción y a la ausencia de Estado de derecho en México está en la opinión pública internacional. La conclusión en los medios más influyentes del mundo es clara: México padece una severa crisis estructural y de falta de liderazgos.

 

Así las cosas, me pregunto: si fueran las elecciones ahora mismo ¿cuál sería el escenario con un PRI decepcionante, un PRD hundido en la basura y un PAN hecho migajas? ¿La beligerancia anacrónica de MORENA? Yo más bien creo que el abstencionismo ¿Y luego? ¿El surgimiento de un caudillo emanado del pueblo?

 

A mi me parece que hay un legítimo hartazgo social desbordado en las calles de México. Tan legítimo y asimilado en el mundo que ha encontrado un eco inusitado en diversos países. Ha sido evidente también cómo han sido “corridos a huevazos”los “lideretes”políticos que han intentado tomar ventaja visible de esa organización social activada por el duelo, la indignación y el hartazgo.

 

Pero lo que es más evidente es que México ya no está dispuesto a aguantar más, y lo que verdaderamente debe llamar la atención es que las grandes promesas de las hiperpublicitadas reformas estructurales dependen al 100% del nivel de certidumbre jurídica que dé el país… Estado de derecho pues, el cuál hoy llora. Llora de vergüenza y rabia… no de impotencia.

 

El Estado de derecho debe resurgir. Debemos rescatar el orgullo nacional al pararnos en el extranjero. Debemos devolverle el prestigio al gentilicio Mexicano, ese prestigio que está hundido en el lodo gracias a un puñado de marranos que a lo largo de décadas han saqueado a México cultivando la ignorancia, una ignorancia que ha sido reclutada sistemáticamente por el crimen organizado.