El escritor Juan Rulfo (1917-1986) representa el giro moderno de la narrativa mexicana en el siglo XX, un personaje que da cuanta al realismo y que constituye otros planos de la realidad de diez años, señaló Diego Prieto, director del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH).

 

Durante el ciclo de mesas redondas “Juan Rulfo, miradas cruzadas entre la literatura y la antropología”, realizado en el Seminario Mexicano de Cultura, el funcionario reconoció que el autor de obras como “Pedro Páramo” y “El llano en llamas”, no fue antropólogo, pero planteó elementos como la tierra; el pueblo como espacio y entidad colectiva; la soledad del individuo; la muerte; la violencia; el amor y los sueños”.

 

El antropólogo consideró que el giro que introdujo Rulfo en la narrativa mexicana equivaldría en antropología al pensamiento etnológico, “que tiene ver con el giro de orientación que en antropología desde el último tercio del siglo pasado hace para enfatizar con las antropologías interpretativas, con la producción de símbolos y la comprensión de la cultura”.

 

Refirió que la propuesta integral de Juan Rulfo, incorpora tres componentes sui géneris que la hacen una propuesta moderna en el más clásico sentido de esa palabra, porque “introduce a la libertad creativa, donde mide y se instala el pensamiento mágico; además, mantiene una crítica social que da cuenta del régimen que emana de la Revolución Mexicana, es decir una crítica social actual que tiene que ver con la justicia y la libertad”.

 

En su oportunidad, la escritora Sandra Lorenzano (Buenos Aires, 1960) destacó que la obra de Juan Rulfo continua guardando secretos, prácticamente insoldables, además de que siendo un reto apasionante tratar de encontrar algo más en sus páginas.

 

“Que sigan apareciendo más cosas en su obra solo sucede con los grandes, esa es la diferencia entre una gran obra y una obra literaria cualquiera. Es una obra cuya riqueza no se agota ni en una o cien lecturas, siguen apareciendo elementos y ahí está la maestría y el genio de Rulfo. Así que hay Rulfo para rato”, subrayó.

 

Durante el ciclo organizado por UNESCO-México, Lorenzano indicó que “siempre se encuentran nuevos caminos para leer a Rulfo, para acercarse; su obra está completa, es rica, compleja y diversa y siempre pueden aparecer nuevas miradas y elementos”.

 

La autora abordó la relación entre los textos y las fotografías del escritor tapatío, “pues se dice mucho que aunque siguen caminos similares, no tienen relación, al final, hay una búsqueda poética, estética, ética y similar en ambas manifestaciones”.

 

Finalmente, consideró que la mejor manera de rendir homenaje a Rulfo no es la polémica, sino la lectura, “la lectura crítica, creativa, que busca desentrañar aquello que todavía queda en su obra”.