La frontera soy yo, nos diría el misántropo del siglo XXI. Al final de los años, las banderas se convierten en ornamentos malignos con las que los políticos alimentan a esos elementos de las naciones llamados ciudadanos.

 

El misántropo de nuestro siglo podría ser el catapultador de los grupos políticos eurófobos que brindaron con burbujas Tattinger en mayo pasado, tras las euroelecciones parlamentarias, o el mismísimo Rick Perry, quien tuvo la ejecutiva decisión de aplicar una ampolleta antiinfantil a la inmigración: sembrar pistolas sobre la frontera texana para que minen el sueño americano de los menores de edad.

 

Las fronteras escurren el sudor de la globalización; no existe peor contradicción que incentivar el libre mercado cerrando fronteras. El estado final de la globalización tendría que pasar por la desaparición de la migración en un mundo sin banderas, es decir, un mundo ricardiano. Sin embargo, el refugio para personajes como Le Pen, Perry o el mismísimo López Obrador es la bandera.

 

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Existen las fronteras esbozadas con reglas y escuadras desde escritorios de imperialistas. Entre Gaza y Cisjordania, un escudo antimisiles; alrededor de Israel, un territorio no reconocido. Resultado de la fórmula: muerte por el ímpetu de dominio.

 

Viajando hacia Lampedusa, mueren miles de inmigrantes eritreos, somalíes y sirios en busca de una Europa oxigenada. Irak tiene más fronteras étnicas que territoriales, pronto, los kurdos de la región serán observadores de batallas entre sunís y chiitas desde su propia nación.

 

En Ucrania observamos el teatro pendular de la Historia. La percepción apunta a que existen más prorrusos que ucranios.

 

Cataluña se le escapa de las manos a su presidente Artur Mas gracias a la combinación de dos fenómenos: la obsesión de Esquerra Republicana de Catalunya (ERC) y a la siempre nociva sobredosis de nacionalismo español incubado en el Partido Popular (PP).

 

Escocia colmó la paciencia de Cameron y con el calendario electoral como estrategia, el premier da visto bueno al referéndum que ya está en la puerta. Migración se convierte en la diferencia insalvable entre el nuevo presidente de la Comisión Europea, Jean Claude Juncker y Cameron. Migración es el principal tema en la agenda anti europeísta del Partido de la Independencia del Reino Unido (UKIP), que curiosamente, se ha convertido en el enemigo anatemático de Cameron. Conclusión del silogismo electoral dictado por el imán (religioso) David Cameron: Si votan por mí para la reelección organizaré un referéndum para sacar a nuestra nación de Europa. Máxima oración del caballo de Troya.

 

La migración religiosa realiza varias escalas en el fanatismo. Once grupos luchan del Atlántico al Índico por imponer franquicias de califatos, teocracias en la mira de un califato universal.

 

La religión en venta con ornamento de comida tipo fast food. El yihadismo abre más sucursales que el exitosísimo restaurante Chipotle. La migración se regodea con el debilitamiento de Bachar al Asad en Siria. Como también lo hace el Ejército Islámico de Irak y del Levante (EIIL) en varias sin fronteras. El EIIL es la más dura representación del islam donde la violencia genocida contra los chiíes no remueve los cimientos más duros de la ONU. Sí, genocidio en Palestina, pero el chií no tiene salida mediática. En la mira de la migración fanática del EIIL se encuentra Jordania, Israel, Palestina, Líbano, Kuwait, Turquía y Chipre.

 

En Estados Unidos la migración también es una religión republicana. Así lo ha entendido el presidente Obama cuya influencia en la Cámara de Representantes es testimonial, es decir, la figura presidencial ha sido eclipsada, en materia migratoria, por John Boehner. Si en Israel ha funcionado el escudo antimisiles, los republicanos prueban lo que podría denominarse escudo antiinmigrante.

 

Al pasar de los años comprobamos que la famosa reforma migratoria estadunidense no es otro ente que el anatema preferido de los republicanos. Es su apuesta porque la migración no mueve sino agita banderas.

 

Del otro lado de Estados Unidos la situación empeora. Otto Pérez, Juan Orlando Hernández y Salvador Sánchez, presidentes de Guatemala, Honduras y El Salvador, se presentarán mañana en la Casa Blanca como víctimas. Ellos no ofrecieron a sus electores acabar con la pobreza y la violencia, principales detonadores del flujo migratorio infantil, los tres se presentaron como los promotores del cambio, garantes de la justicia y agentes revolucionarios. Es decir, piensan que el valor de las remesas los convertirá en los auténticos revolucionarios.

 

Cuando todos pensábamos que los contenidos de marketing eran radicalmente diferentes entre los terroristas Boko Haram y el EIIL, respecto a los republicanos, nos percatamos que la migración también puede ser analizada desde el fanatismo republicano gracias a su principal vínculo, el electoral.

 

Por lo pronto, ya sabemos que el próximo candidato a la presidencia podría ser Rick Perry. Él sabe cómo acabar con la migración infantil… y con la globalización.

 

También sabemos que escudos antiinmigrantes ya están en Texas, y no forman parte de la ficción de Amazon.