Las generaciones actuales no tienen prácticamente idea de quién se trata, pero los más veteranos saben que es la primera y quizá más grande superheroína que ha salido del mundo de los cómics. En particular, la Generación X la conoce por la setentera serie televisiva protagonizada por Lynda Carter, quien prácticamente se adueñó de la imagen del personaje durante cuatro décadas… hasta ahora.

 

La Mujer Maravilla, Diana Prince, Diana de Themyscira o Marvila llega al cine en un momento importante, no sólo para tratar de rescatar a una decepcionante temporada veraniega de Hollywood, sino por los ideales que representa en un mundo en el que el líder del país más poderoso del mundo es bien conocido por su desprecio y actitudes hacia la mujer y el género femenino sigue siendo, injustamente, menospreciado.

 

Así que el hecho de que una película como Wonder Woman esté dando tanto de qué hablar, es de llamar la atención. Su principal acierto es, de entrada, evitar caer en los mismos errores que los anteriores títulos del llamado Universo Extendido de DC (DCEU, por sus siglas en inglés): Hombre de Acero, Batman vs. Superman y Escuadrón Suicida, que gracias a Zack Snyder tuvieron la errónea decisión de oscurecer –en todos sentidos- a los superhéroes de DC Comics, el eterno rival de Marvel.

 

Pero más allá de eso, el filme acerca del famoso personaje es lo que una cinta de superhéroes debe ser: optimista e inspiradora. Y eso se le debe al dúo dinámico que hace las veces de cabeza y corazón del proyecto: su directora, Patty Jenkins, y su protagonista, Gal Gadot. Si bien uno de los productores es Mr. Snyder (criticado por su estilo, en el que predomina el estilo sobre la sustancia), aquí hay que reconocerle que dejó trabajar a Jenkins y compañía y no intentó imponer su visión, lo cual fue de gran beneficio para el filme. Otro punto a su favor es que fue Snyder quien eligió a Gadot como la actriz que daría vida a la amazona, así como a Jenkins. Y los resultados son más que obvios.

 

Para Jenkins es apenas su segunda película como directora, después de haber logrado lo imposible en 2003: hacer ver fea a Charlize Theron en Monster, sacarle lo mejor de su talento y hacerla ganar el Oscar a Mejor Actriz por dar vida a la asesina serial Aileen Wuornos. Jenkins demuestra que es una cineasta a la que no hay que perder de vista, pues a pesar de no haber dirigido en 14 años, demostró con creces que no nada más es capaz de hacerse cargo de un presupuesto multimillonario (150 millones de dólares que costó Wonder Woman, contra ocho que costó Monster), sino que pudo hacer una película feminista, con puro poder femenino, que al mismo tiempo es visualmente espectacular y, lo más importante, con alma y corazón, elementos de los que carecen la mayor parte de las películas de superhéroes. En ese sentido, su Mujer Maravilla tiene más el espíritu del Superman de Christopher Reeve y Richard Donner, que el de los filmes de Snyder.

 

Pero la sorpresa más agradable está en Gal Gadot. Cuando la modelo y ex Miss Israel fue elegida hace unos años para dar vida a la Mujer Maravilla, miles de fans la criticaron hasta el cansancio por ser demasiado delgada para dar vida a una guerrera como Diana. Y claro, con la voluptuosa y casi perfecta imagen de Lynda Carter en mente, las comparaciones fueron inevitables. Pero como buena mujer que cumplió dos años con el servicio militar en Israel, Gadot no se amilanó.

 

Entró al gimnasio a aumentar su masa muscular, además de someterse a un arduo entrenamiento, y le demostró a propios y extraños que la decisión de Snyder había sido la adecuada. Cuando apareció brevemente por primera vez como Wonder Woman en Batman vs. Superman, prácticamente se robó la película y fue de lo poco en lo que casi de manera unánime estuvieron de acuerdo fans y críticos: ella fue lo mejor de esa película.

 

En Mujer Maravilla, Gadot no sólo se apropia del personaje y lo hace suyo, sino que es capaz de proyectar fortaleza, inocencia, candidez y poder, todo al mismo tiempo. Es decir, hace de Diana de Themyscira no una amazona indestructible, sino una persona falible, que va madurando y descubriendo –junto con el espectador- su razón de ser. No es una actuación de Oscar (ni tendría por qué serlo), pero Gadot calla bocas –y patea traseros- para convertirse en la nueva Wonder Woman. Por fin, después de 40 años, podemos despedir la imagen de Lynda Carter. Hay una nueva amazona en la arena.

 

Pero quizá lo más importante es que el filme tiene un ADN femenino en sus dos piezas clave. Jenkins se convirtió en la primera mujer en dirigir una película de superhéroes, superando las expectativas (y de paso los fallidos intentos que fueron Gatúbela y Elektra, dirigidas por varones), y Gadot simplemente ha enamorado a medio mundo no sólo por su belleza, sino por su capacidad de hacer de Wonder Woman un modelo a seguir para las nuevas generaciones: optimista, que lucha por los ideales de justicia, verdad y bienestar para el prójimo, y que tiene como objetivo salvar al mundo. Bienvenida la nueva era en el mundo de los superhéroes.

 

aarl