Foto: AFP / En Corea del Sur, otro vecino de Japón, el vertido ha provocado protestas y preocupación entre la ciudadanía, pero el gobierno respaldó el plan de Tokio  

A pesar de la preocupación de sus pescadores, la fuerte oposición de China y denuncias de organizaciones ambientales, Japón inició ayer la descarga al océano del agua residual de la accidentada central nuclear de Fukushima.

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Este proceso es un paso importante para desmantelar la central, todavía muy peligrosa doce años después de uno de los peores accidentes nucleares de la historia.

El Organismo Internacional de la Energía Atómica (OIEA) de la ONU, que dio el visto bueno al plan, supervisa este proceso que a su entender se adecua a “las normas internacionales de seguridad” y tendrá una impacto “insignificante en la población y el medio ambiente”.

Sin embargo, poco después del anuncio del inicio del vertido, China decidió suspender todas sus importaciones de productos del mar procedentes de Japón y calificó el plan de Tokio de “extremadamente egoísta e irresponsable”.

En Corea del Sur, otro vecino de Japón, el vertido ha provocado protestas y preocupación entre la ciudadanía, pero el gobierno respaldó el plan de Tokio.

Ayer se registraron manifestaciones de protesta en Corea del Sur y más de diez personas fueron detenidas en Seúl por intentar entrar en la embajada de Japón, declaró la Policía.

Mientras tanto, Corea del Norte instó a Japón a poner freno al vertido “de inmediato”, según un comunicado de su Ministerio de Relaciones Exteriores publicado por KCNA.

El vertido será muy progresivo y se extenderá hasta los años 2050, pero TEPCO asegura que este líquido se sometió a un tratamiento para eliminar todos los radioisótopos a excepción del tritio, que se encuentra en niveles inocuos y más bajos de los que liberan las centrales nucleares operativas, incluido en China.

Greenpeace aseguró que el proceso de tratamiento del agua es defectuoso y China y Rusia sugieren que el agua puede evaporarse y llegar a la atmósfera. Los restaurantes de sushi en Pekín y Hong Kong ya padecen las consecuencias de las restricciones anunciadas.

CON INFORMACIÓN DE AFP

LEG