Foto: Freepik / En el fangoso suelo danés, si los objetos "no son rescatados, se pierden para la historia", agregó  

En muchos lugares su trabajo es menospreciado, pero en Dinamarca los arqueólogos aficionados que buscan tesoros con detectores de metal son dignos de una exhibición en el Museo Nacional para mostrar sus hallazgos.

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“Lo que ellos salvan ahora significa un mundo para lo que podemos hacer en el futuro y la forma en que podemos construir nuestros museos. Lo que hacen realmente importa”, aseguró la curadora de la exposición, Line Bjerg.

En el fangoso suelo danés, si los objetos “no son rescatados, se pierden para la historia”, agregó.

En tres salas de la planta baja del museo, los visitantes pueden aprender sobre los detectoristas, sobrenombre por el que se les conoce, y admirar algunos de sus hallazgos como anillos, collares o monedas de oro, todas marcadas con el nombre de su descubridor.

En este país escandinavo antes habitado por los vikingos, los aficionados pueden usar detectores de metal casi en cualquier sitio siempre que reciban permiso del propietario de la tierra. Sin embargo, no pueden cavar por debajo de la capa superficial del suelo.

Cualquier descubrimiento debe ser entregado a un museo local para una evaluación inicial antes de ser transferidos al Museo Nacional para un estudio en profundidad y una posible recompensa.

El botín de estos aficionados puede ser abundante.

“El año pasado, tuvimos casi 18 mil objetos que fueron enviados para procesar como tesoros ocultos. El año anterior fueron 30 mil objetos”, complementó Bjerg.

Conocidos como Danefae, cualquier artefacto arqueológico encontrado por cazadores de tesoros pertenecen al Estado en virtud de una ley medieval.

Según Torben Trier Christiansen, arqueólogo del Museo Histórico de Jutlandia Septentrional, la colaboración con los aficionados es de gran valor.

Son “uno de los más importantes colaboradores del museo”, aseguró.

En la región hay más de 250 cazadores de tesoros y algunos de ellos entregan alrededor de cien objetos cada año.

Arne Hertz, un jubilado de 64 años que dirige una asociación local de detectoristas; “la gente está encantada de hacer lo correcto entregando los hallazgos”.

Esta colaboración única se basa en la comprensión mutua: por un lado, los lugares arqueológicos no se saquean; por otro, las autoridades ponen en valor los descubrimientos de los aficionados.

“A veces, son estos hallazgos particulares los que cambian nuestra historia porque añaden conocimiento que simplemente no teníamos antes”, finalizó Bjerg.

LEG