Héctor Zagal

Héctor Zagal

(Profesor investigador de la Facultad de Filosofía de la Universidad Panamericana)

La vida es bonita, pero traicionera” canta la Rosalía. Y tiene razón. Hay mucho de la vida que no está en nuestro control. No podemos elegir dónde nacimos, quiénes son nuestros padres, que llueva o no llueva, que tiemble o no tiemble. Tenemos buena idea de algunos elementos de nuestro entorno, sin embargo, no podemos ponernos por encima de ninguno de ellos. Los cambios climáticos, por ejemplo, son predecibles hasta cierto punto, pero no podemos controlarlos. Lo poco (o mucho) que tenemos en nuestras manos es a nosotros mismos, un ser consciente y deliberativo.

Sin embargo, la incertidumbre de la vida, su inminente traición a nuestros planes, nos lleva a buscar maneras de agradar a la dama fortuna y asegurar una pequeña porción del futuro. Hay varios rituales para atraer la buena suerte. Pero también los hay para evitar la mala.

Protegerse contras las desgracias es algo que hacemos todos los días. Llevar un paraguas con nosotros ya es una manera de protegernos. Los seguros de vida protegen a nuestros seres queridos. El cubrebocas fue el medio más eficaz para protegernos del Covid, antes de las vacunas. Pero protecciones más esotéricas son conocidas como amuletos. Los amuletos son objetos que suelen colgarse en el cuello para protegernos de enfermedades, envidias, maldiciones y cualquier revés. Plinio el Viejo (s. I d.C.) nos cuenta que su Historia natural que los niños romanos usaban un amuletum desde niños hasta el día en que se convirtieran en ciudadanos romanos y tomaran la toga virilis. Este amuleto era llamado bulla y consistía en una bolita de metal con granos de algún cereal. Si no les alcanzaba para el oro, también era común hacerlos de cuero y alguna tela. Las niñas romanas también usaban amuletos, pero estos se llamabas lunula y tenía forma de luna creciente. Las niñas dejaban de usarlo cuando llegaba la noche de bodas.

¿Han escuchado hablar del mal de ojo? Así se le conoce tradicionalmente a la envidia porque es a través de la mirada que anhela la desgracia de los otros por poseer algo que no se tiene. Para evitar el mal de la envidia, suele utilizarse un nazar, también conocido como ojo griego u ojo turco. Seguramente lo han visto muchas veces: consiste en un ojo formado por círculos de diferentes colores. Este amuleto pretende en contrarrestar la mirada envidiosa con una mirada protectora. Algo así como “ojo por ojo”.

Plinio el Viejo también nos cuenta que los romanos usaban un singular amuleto llamado fascinus, el cual consistía en un falo divino. Éste era usado también para evitar el mal de ojo. Cuando un general regresaba victorioso a Roma, un fascinus se colgaba en la parte baja del carro en el que entraba para protegerlo contra la envidia. Aunque el fascinus también podía usarse como dije, anillo, pulsera. Si vieran la gran cantidad de falos divinos que se han encontrado en diversas excavaciones.

Pero basta de amuletos, ahora hablemos de qué tenemos que evitar para protegernos de la mala suerte. Primero, no romper ningún espejo. Algunos consideran que romper un espejo es de mala suerte porque, de alguna manera, rompemos nuestra imagen. Mirarnos en un espejo roto es una imagen bastante violenta: estamos fragmentados, cortados, atravesados. Otra razón por la que puede traer desgracias romper un espejo es porque son un lujo. Bueno, eran un lujo hace algunos siglos. Parece que en el siglo XV los espejos traían una lámina de plata en la parte de atrás. Imaginen cuánto costaba. Claro que era una desgracia para el sirviente que rompiera uno de estos lujosos artículos. ¿Quizá cubriría el costo con siete años sin sueldo? Si rompieron un espejo, tranquilos; dicen que pueden evitar la mala suerte metiendo todos los trozos en una bolsa de tela para tirarlos en un río caudaloso.

También deben evitar caminar bajo una escalera. Se dice que esta superstición surge del parecido que tiene una escalera abierta con la horca (tres palos: dos hincados en la tierra y el tercero por encima trabando ambos). Pasar por debajo de una es como si nos procuráramos un paseo hacia el patíbulo. También es posible que se diga que caminar debajo de una escalera es de mala suerte para evitar que la gente lo haga por el simple hecho de que es peligroso. Un golpecito a la escalera puede derribar a quien esté sobre ella o tirar algo. También la persona que pasa por debajo puede salir lastimada. Sentido común.

¿Tirar la sal trae mala suerte? No exactamente. Uno de los orígenes de esta creencia se encuentra en la pintura de La última cena de Leonardo da Vinci. Allí podemos ver que Judas Iscariote ha tirado la sal con el brazo derecho, el mismo que sostiene una bolsa con el pago por traicionar a Jesús. En este caso, tirar la sal no provoca males, pues el mal ya viene gracias a la traición de Judas. Tirarla, más bien, es un anuncio de un mal cercano, velado. Por ello es costumbre tomar un poco de sal y tirarla por encima del hombro izquierdo, pues dicen que es ahí donde el diablo está agazapado. La sal, dicen, lo cegará y hará que se aleje.

¿Ustedes cómo evitan la mala suerte?

Sapere aude! ¡Atrévete a saber!

@hzagal

Profesor de la Facultad de Filosofía en la Universidad Panamericana