Algo de mercado bursátil tienen los favoritismos de cara a una Copa del Mundo.

Si sucede en el ámbito político-electoral, con los momios de los candidatos fluctuando en tiempo real según sus respuestas en un debate o las variantes externas que puedan afectar la preferencia de voto, inevitablemente también acontece con los equipos de futbol.

Entramos a esta jornada de actividad de selecciones convencidos de que Francia era el candidato primordial a levantar la Copa FIFA en Qatar (sería la segunda consecutiva tras la corona en Rusia 2018) y salimos con demasiadas dudas respecto al conjunto galo. Nunca mejor dicho, poner en la cancha a los mejores once no siempre da sitio al mejor once. Hoy los franceses, como cuatro años atrás los alemanes, como hace ocho los españoles, podrían confeccionar hasta tres selecciones altamente competitivas. En especial, su delantera con Karim Benzema y Kylian Mbappé, junto con Mo Salah los mejores delanteros de la última temporada. Sin embargo, también su media con pilares como Ngolo Kanté, Aurelien Tchouameni, Adrien Rabiot, Christopher Nkunku y tantos más. O su defensa con Pavard, Kimpembe, Konaté, Theo, Lucas. O la portería con el más que experimentado capitán Hugo Lloris.

No obstante, Francia ha sumado dos puntos de doce durante los últimos días, recordándonos que esa condición de máximo favorito no es más que un estorbo. Si de algo nos sirve observar al maravilloso Brasil de México 1970, más allá de para gozar a esa artillería compuesta por cinco jugadores 10, es para remontarnos a la última vez en que el máximo candidato se coronó.

No lo era Francia en Rusia 2018, como tampoco Alemania en Brasil 2014, ni España en Sudáfrica 2010, ni Italia en Alemania 2006, así como Brasil era el favorito en 1998 y ganó Francia y Francia lo era en 2002 y ganó Brasil.

Otro cuadro que ha salido debilitado de la semana es el inglés, visto por las casas de apuestas como uno de los tres favoritos a coronarse en Qatar. La selección húngara, a años luz hoy de las potencias, se metió a las islas británicas a endosar cuatro goles a Inglaterra. O Bélgica, otro tiburón, goleado en casa por su vecino holandés.

Lo maravilloso de que el Mundial sea cada cuatro años es que en nuestras cabezas se juega demasiadas veces. En ellas ya hemos destituido directores técnicos, retirado a estrellas que acaso continúan vigentes y coronado a cuanta selección se nos ocurre.

Afortunadamente, esto no se juega hasta noviembre, ya decía el gran seleccionador alemán, Sepp Herberger, quien diera la enorme campanada de vencer a la Hungría de Puskas en la final del Mundial de 1954, “el balón es redondo, el partido dura noventa minutos y todo lo demás es teoría”.

¿Es Francia hoy menos favorito que un mes atrás, cuando salivábamos imaginando al dueto Karim-Kylian? No… Aunque puestos a eso, un poco de indulgencia con el equipo mexicano que tan malas sensaciones nos ha dado en estos meses premundialistas.

   

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Alberto Lati

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