Héctor Zagal

Héctor Zagal

(Profesor investigador de la Facultad de Filosofía de la Universidad Panamericana)

¿Habían escuchado hablar del Día de la abstinencia digital? Me dicen que se celebra el primer viernes de marzo. Esta fecha está impulsada por la organización “Unplugging Collaborative”, quienes proponen celebrar este día desconectándonos de todo medio digital durante 24 horas. ¿Le entran al reto? Antes de contestar, tendríamos que preguntarnos por qué sería un reto despegarnos de las pantallas. Les comparto algunos datos.

De acuerdo con el Estudio Nacional “¿Cómo usan los mexicanos las redes sociales?”, los usuarios mexicanos pasan entre seis a ocho horas al día en redes. Es decir, una tercera parte del día estamos frente al celular o a la computadora. La Asociación de Internet MX realizó un estudio publicado en 2021 en el que concluyó que el confinamiento por la pandemia de Covid-19 aumentó el uso de internet debido a la necesidad de trabajar y estudiar a distancia. Asimismo se incrementó la demanda de contenidos de entretenimiento. De acuerdo con la población encuestada, los internautas acceden diariamente a redes sociales. Le sigue el uso de medios de mensajería instantánea y el envío y recepción de correros electrónicos. La siguiente actividad más popular es el consumo de películas y series, seguido por el consumo de música y programas de radio.

Las consecuencias de permanecer tanto tiempo pegados a la pantalla de la computadora o del celular oscilan entre la ansiedad y el estrés ocular. Se han realizado algunos estudios que han concluido que el tipo de luz emitida por las pantallas provocan un estado de alerta en el cerebro que puede provocar insomnio, migrañas e incomodidad en los ojos. A esto hay que añadirle que la cantidad de estímulos e información consumida por medios digitales es abrumadora. Podemos enterarnos en tiempo real de acontecimientos bélicos del otro lado del mundo y un segundo después conocer el top 5 de los mejores restaurantes de nuestra ciudad. A esto le siguen una cantidad impresionante de memes, vídeos de caídas, fotos de gatos o perros que causan ternura, publicidad, más noticias, más publicidad, más memes, más animales, descubrimientos científicos, infografías, artículos de opinión. ¿Qué no podemos encontrar en internet? ¿Qué no podemos hacer? Podemos pagar desde los servicios básicos de nuestro hogar, contratar un plomero, tomar clases, pedir comida, encontrar un entrenador personal, meditaciones guiadas. Estoy seguro de que me quedo corto al intentar enlistar todo lo que uno puede hacer en la red.

Pero volvamos a lo que puede provocar en nosotros estar conectados constantemente a las redes. El teléfono celular, al menos en México, es el medio más usado para navegar en internet. Y es que los celulares nos permiten también mantenernos en contacto no sólo con el mundo, sino con nuestros amigos, familiares y posibles conquistas amorosas. En el celular también tenemos aplicaciones de banco, de juegos, de fotografías, de radio, de calculadora, hasta para contar cuántas calorías quemamos en el día. Con tantas aplicaciones, ¿cómo no lo llevaríamos con nosotros todo el tiempo? Este hábito de cargar con el celular ha provocado lo que se conoce como “vibración fantasma”, es decir, sentir que nuestro celular vibra, pero sin que lo haga. Esta sensación no es otra cosa que una alucinación provocada por la ansiedad de estar conectadas y por consumir contenidos digitales.

Como todo hábito, el uso del celular y la conexión constante a las redes se vuelve como una segunda naturaleza del ser humano. Pero así como se formó el hábito, puede romperse. No creo que el uso de medios digitales sea una amenaza como tal. Lo que puede volver a la tecnología contra nosotros es olvidar que son un medio y no un fin. ¿Para qué estamos conectados? Preguntarnos esto cada vez que entremos a internet podría ayudarnos a usar nuestro tiempo y atención de mejor manera. Esto no sólo con miras a la productividad, sino también al entretenimiento. ¿Me gusta lo que estoy viendo o sólo lo consumo porque me lo ha sugerido internet? No olvidemos que lo que vemos en internet está, en gran medida, diseñado de acuerdo con nuestros propios hábitos de navegación. Pero esos hábitos se pueden volver en nuestra contra cuando es el algoritmo quien determina, según la información que tiene de nosotros, qué consumiremos.

Quizá valdría la pena preguntarnos no tanto por qué desconectarnos de las redes sino por qué nos conectamos.

Sapere aude! ¡Atrévete a saber!

@hzagal

Profesor de la Facultad de Filosofía en la Universidad Panamericana