México tiene una de las fronteras más dispares del mundo, navegamos siempre en tormentas por lo que respecta a nuestra política exterior. Al norte tenemos frontera con el país más poderoso del mundo, Estados Unidos, y con Canadá tenemos a nuestro segundo socio comercial estratégico. Hacia el sur (desde Guatemala hasta Argentina) convivimos con América Latina, un mosaico de historia, tradiciones, religión, idioma, injusticias, pobreza y caos político. Un auténtico relajo.

En el norte, nos ven con mucha desconfianza y cierto miedo. En el sur, nos ven con desconfianza y no poca envidia. Nosotros vemos al norte con mucho miedo y mucha envidia. Al sur prácticamente no lo vemos. Cuba es una historia aparte.

México está integrado irremediablemente con Estados Unidos y Canadá por el T-MEC que, con todas las críticas que se le puedan hacer, definió un cambio cuántico en nuestra economía, desarrollo social y también, en nuestra historia y cultura. La verdadera 4T.

Por lo que respecta al intercambio económico de la zona T-MEC, ésta superará los 600 mil mdd el presente año, mientras la totalidad del intercambio comercial con América Latina difícilmente llegará a los 8 mil mdd durante 2021. La mayoría de nuestro comercio latinoamericano es con Brasil. Salvo el fútbol, no tenemos ni identidad histórica ni cultural con este país.

Desde los años 70 con Luis Echeverría (arquetipo del capitalismo de Estado) intentamos ser la voz de Latinoamérica y del tercer mundo (o de un mundo de tercera) en lo que este locuaz personaje definía cursimente como el concierto internacional. Abanderamos el fracaso (ya evidente desde entonces) de la Revolución cubana como una causa mayor de nuestra política exterior y, de pasadita, les regalamos una embajada en plena avenida Masaryk. Pero, no contentos con lo anterior, de la mano con Cuba, se diseñó y promovió la revolución Sandinista (y a Daniel Ortega) y sin conciencia alguna, condenamos a Nicaragua a décadas de miseria y a una dictadura de la peor calaña. Vergüenza total.

Con la caída de la URSS en 1991, paradójicamente se selló el triste destino del castrismo cubano. Para que todo cambie, que no cambie nada.  Van 61 años de dictadura y contando.

Latinoamérica (como el resto del mundo) está convulsionada: Argentina es una solución en búsqueda permanente de problemas. Perú cambia de Presidente cada seis meses, el actual es un ignorante total que no sabe ni puede distinguir entre un monopolio o un burro de planchar. Brasil en manos de un perfecto irresponsable. Chile paralizado. 

Los gobiernos de Centroamérica están encantados con la salida en masa de sus migrantes, que cada quién se busque la vida (o la muerte) como pueda. Los gobiernos tienen un solo objetivo en mente: divisas. Entre más migrantes, más divisas. Que lo resuelvan México o Estados Unidos, a ellos les da lo mismo.

La reunión de la Celac nos mostró la disparidad y el despropósito latinoamericano hoy. Podemos ser mexicanos del futuro sin renunciar al pasado. Podemos vivir en América del Norte sin renunciar a Latinoamérica.

¿Estarán conscientes el presidente López Obrador y el canciller Marcelo Ebrard de que estamos defendiendo lo indefendible con Cuba, Venezuela y Nicaragua? ¿Comprenderán el momento tan complejo que vive Estados Unidos? ¿Entienden nuestra obligación de crear las condiciones de diálogo para ser la solución regional y no un problema de seguridad nacional con EU? 

¿Podrá entenderlo AMLO?

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