"Estamos muy contentos con la aceptación de la gente y la suma de seguidores nuevos"
"Estamos muy contentos con la aceptación de la gente y la suma de seguidores nuevos"

El 2021 ha sido un año difícil, de separaciones obligadas y encierros necesarios. En tiempos caóticos, el rock and roll en México está, paradójicamente, de fiesta pues el festival que cambió para siempre la visión cultural y musical en el país celebra un “tostón de vida”: Avándaro. 

Llamado en un inicio Festival de Rock y Ruedas (que al final terminó siendo de rock y “motos”) tuvo su momento cumbre el domingo 12 de septiembre de 1971 a las 8:30 de la mañana cuando a la tarima que ya había aguantado estoicamente más de 25 actuaciones subió el Three Souls in My Mind.

“Teníamos tres años de carrera cuando tocamos en Avándaro; nosotros nos formamos un 12 de octubre de 1968, próximos a cumplir 53 años como banda, cincuenta del glorioso Festival de Avándaro”, narra Carlos Hauptvoget, baterista y fundador de la banda, en entrevista con 24 HORAS.

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Mantenerse por más de cinco décadas en el difícil pero gozoso mundo de la música es posible, según narra el “bataco”, gracias al cariño, perseverancia y el amor a la carrera que requiere oídos prestos y habilidades para tocar algún instrumento.

“Estamos muy contentos con la aceptación de la gente y la suma de seguidores nuevos. Three Souls in My Mind ha estado vigente desde siempre, nunca hemos dejado de presentarnos”, narra Charlie, como es conocido entre la banda.

El significado de Avándaro

Para el músico, Avándaro, festival de rock que se realizó el 11 y 12 de septiembre de 1971 en el Estado de México (la entrada costó 35 pesos) marcó la historia y la cultura en México en general y, dio cabida a las expresiones juveniles de la época, algo, hasta ese tiempo, restringido por las arcaicas costumbres de mitad del siglo XX.

“Es un festival que no ha podido superarse. Lo veo muy difícil en cuanto a la cantidad de gente que fue, la cual nadie nos esperábamos (se calculan 300 mil asistentes), ni los organizadores, ni los coordinadores, ni los mismos músicos… dejó un precedente que hasta la fecha no ha podido superar”, afirma Charlie.

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Es conocido que en el festival “no se rompió ni un plato” y aunque la asistencia provocó el escándalo entre las “buenas conciencias” de la época y hasta de los medios de comunicación, lo cierto es que fuera de algún desmayo no se reportó saldo rojo.

“Estuvo todo muy tranquilo. Era la época del ‘peace and love’, todo mundo conviviendo. Hasta ahora es un poco increíble que no hubiera lo que la prensa amarillista anunció en sus periódicos después:  sangre, muerte, droga… Aún con las carencias del equipo y que nosotros en el sorteo salimos como los que cerrábamos, el evento nos marcó para siempre”, narra el baterista.

El set de la banda encargada de cerrar la jornada rocanrolera estuvo marcado por el recuerdo del reciente halconazo con un cover de los Rolling Stones, Street Fighting Man y canciones de los dos discos que tenían grabados, uno de los cuales ya había visto la luz.

“Sonaron canciones como Amphetamine, Let Me Swim, I’m Going to Be a Father, Lennon Blues; todavía no nos dedicábamos de lleno a grabar en español, eso vino después, en el tercer LP, cuando convencimos a la compañía (discográfica) de que era lo mejor y fue un éxito; grabamos Oye cantinero que se vendió como pan caliente y nos dijeron que le siguiéramos por allí”, afirma el músico.

El rhythm and blues fue el género que llevó al Three Souls in My Mind a sumar aferrados fans y crear un sonido que hasta la fecha ha influenciado a decenas de grupos que hacen que el rock en México viva y sobreviva.

“Aunque no nos han invitado al Vive Latino, nosotros nos mantenemos vigentes en el underground… Hemos sobrevivido a muchas cosas, inclusive a gente que ha querido borrarnos del mapa, pero aquí estamos”, afirmó Charlie.

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El festejo, en el limbo

En tiempos digitales existe el riesgo de caer en fake news y en este tenor, Carlos Hauptvoget explica que, hasta el momento, no hay ningún cartel confirmado para celebrar el tostón de Avándaro.

“A mí me invitaron a la celebración, pero no se han vuelto a comunicar conmigo. Hablé con Ricardo Ochoa y me comentó que él haría un video. No tengo idea, lo que veo es que anuncian a gente que nunca estuvo en Avándaro, como Javier Bátiz y su hermana. Hicieron un cartel, de broma, en el cual sólo faltó Paquita la del Barrio, Los Bukis, César Costa”, narra el baterista entre risas.

“No me interesa aparecer en un video para recibir un aplauso, diploma, reconocimiento por haber estado en Avándaro; ya tengo muchos. A mí lo que me interesa es tocar con mi banda… Estamos dispuestos a presentarnos, pero no hay nada concreto”, narra el fundador de la banda.

La trinchera individual será el lugar ideal para celebrar los 50 años del Festival de rock y ruedas, cuya carrera de coches programada en aquel entonces terminó esfumándose. En el caso de esta banda emblemática del evento la fiesta ya empezó con los conciertos que han brindado en este 2021, uno de ellos en la Ciudad de México.

“Los que amamos el rock and roll debemos estar unidos, continuar apoyando este movimiento. Yo vivo para el rock, es mi vida. Hay que dignificar el género, no hay que irnos por lo fácil, por lo corriente. A las nuevas generaciones les diría que traten de superar lo que nosotros hicimos, con mucho ensayo, conocimiento, indagando de dónde viene esto, la raíz es el blues, hay que saber gatear para después caminar y correr”, afirma el master de la “bataca». 

“El rock te inyecta energía, vitalidad, es algo que te hace sentir. Cuando toco la batería me siento de 20, de 15 años. La energía que me proporciona la música es una bendita droga. Te olvidas de los problemas que puedas tener y te concentras en lo que vas a hacer”, finaliza Charlie Hauptvoget. 

 

AR