General Austin "Scott" Miller (L), US top commander of coalition forces in Afghanistan, talks with Chairman of Afghanistan's High Council for National Reconciliation, Abdullah Abdullah (R) during an official handover ceremony at the Resolute Support headquarters in the Green Zone in Kabul on July 12, 2021. (Photo by WAKIL KOHSAR / AFP)

No hay marcha atrás. A pesar del evidente avance del grupo fundamentalista talibán en Afganistán, las tropas estadounidenses se retiran del territorio. Ya el presidente Joe Biden había anticipado que, a pesar de todo, los soldados se iban, pues no esperaba un resultado diferente con su estadía, tras 20 años de intantar mantener la paz.

Este lunes, el principal general estadounidense en Afganistán renunció, marcando un final simbólico.

El general del Ejército Austin «Scott» Miller, quien ha supervisado el esfuerzo de guerra durante casi tres años, renunció a sus responsabilidades en una pequeña ceremonia en el principal cuartel general militar de Estados Unidos.

“Nuestro trabajo ahora es simplemente no olvidar”, dijo Miller en breves comentarios, citando los sacrificios de estadounidenses, afganos y socios de la coalición.

La ceremonia se produjo unos tres meses después de que el presidente Biden anunciara que pondría fin a la misión del Ejército en Afganistán, dejando atrás una pequeña fuerza de unas 600 tropas para proteger la embajada y el aeropuerto internacional. Biden dijo la semana pasada que el retiro terminará formalmente el 31 de agosto, pero efectivamente está completo ahora, y la partida de Miller es una de las únicas piezas restantes, dijeron funcionarios de Defensa.

Miller abandona Afganistán como el oficial superior estadounidense con más años de servicio en la guerra, recuperó un artículo en el Washington Post.

El acto tuvo lugar en plena ofensiva de los talibanes, lanzada a fines de mayo y aprovechando el inicio de la retirada de las tropas extranjeras, que les ha permitido apoderarse de amplias partes del territorio afgano, frente a un Ejército nacional privado del crucial apoyo aéreo estadounidense.

Los insurgentes, que conquistaron parte del norte del país, áreas que históricamente les había costado tomar, afirman controlar ya 85% del territorio afgano.

Las fuerzas gubernamentales retienen poco más que una constelación de capitales provinciales que deben ser abastecidas y reforzadas por aire, siempre bajo riesgo y acecho.

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