Ángel Álvaro Peña

ALMA GRANDE
Por Ángel Álvaro Peña

Acostumbrados como están los analistas políticos a ver la relación entre nuestro país y el vecino país del norte como un mal necesario, se olvidan de interpretar esa relación como un puente con pasado, pero también con futuro.
Aferrados a analizar la política con el vecino país, siguen viendo con ojos del pasado una relación que se renueva, pero ante la imposibilidad de apreciar el presente se obsesionan con que todo vuelve a repetirse respecto a la relación con el gobierno de Estados Unidos.
El simplismo ha caracterizado a muchos hombres y mujeres de México y Estados Unidos en su apreciación sobre la relación entre dos gobiernos que pudieron ser gemelos, pero son simplemente inseparables, casi siameses por la geografía y hermanos por la historia.
Los analistas convencionales prefieren que nada cambie para tener tiempo de interpretar esa relación de acuerdo con su memoria y sus creencias sobre una realidad que de tanto ver han dejado de investigar y estudiar.
El hecho de que Estados Unidos sólo tenga dos partidos políticos registrados no quiere decir que cuando uno de esos partidos regresa al poder repetirá la misma estrategia de sus correligionarios ocho o cuatro años antes; sin embargo, esta tendencia es muy común sobre todo entre quienes quieren interpretar la relación entre nuestro país y la Casa Blanca como si se tratara de un círculo vicioso.
La realidad suele rebasar las interpretaciones de esa realidad desde la llegada al poder de Donald Trump, quien dio un giro importante a la política de su país y a la practicada, hasta ese entonces, por los republicanos.
La migración es uno de los problemas comunes entre México y el país del norte, esto no cambia, lo que cambia es la manera de darle solución a dicho conflicto. Anteriormente simplemente se cerraban las fronteras sin tomar en cuenta los derechos humanos ni las repercusiones en todos los países implicados.
La protección al ser humano ha dejado de ser un recurso demagógico para convertirse en una condición del gobierno contemporáneo en todos los rincones del planeta.
La postura de Joe Biden, desde su llegada a la presidencia, no sólo derrumbó los deseos de que rompería la armonía con México, especialmente con el presidente López Obrador, sino que fue más allá y mostró que todo cambia, a pesar de que en nuestro país quieren seguir viendo todavía a la Casa Blanca como un polo latente de la guerra fría.
Hace unos días Joe Biden movilizó a la Agencia Federal de Manejo de Emergencias para atender al creciente número de menores migrantes que viajan solos hasta la frontera y entran a Estados Unidos de manera irregular. Su secretario de Seguridad Nacional, Alejandro Mayorkas, anunció que FEMA apoyará a otras agencias del gobierno durante los próximos 90 días para “recibir, albergar y trasladar de manera segura” a los menores que están llegando a la frontera con México.
Según cifras publicadas por The New York Times, más de 3 mil 250 menores migrantes fueron detenidos en las últimas semanas en la frontera y están siendo detenidos en unos centros de la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza que están diseñados para albergar adultos, no niños. Antes los metían en jaulas.
La ley estadounidense establece que los menores pueden permanecer un máximo de tres días en esas instalaciones, pero luego tienen que pasar a unos albergues del Departamento de Salud y Servicios Humanos, encargados de entregarlos a un familiar o tutor hasta que se resuelva su caso migratorio.
Joe Biden quiere promocionar el plan de estímulo de 1.9 billones de dólares que acaba de aprobar en el Congreso. Tiene en contra a los republicanos como el senador Bill Cassidy, quien aseguró que Biden tiene “toda la culpa” del creciente número de menores migrantes de El Salvador, Honduras y Guatemala.
El gobernador de Arkansas, el republicano Asa Hutchinson, abogó por una política migratoria “más dura”; sin embargo, los republicanos vinculan el auge migratorio con la investidura de Biden y aseguran que los migrantes están llegando en mayores números porque le ven como alguien más compasivo que su antecesor, Donald Trump.
La ayuda humanitaria ha dejado de ser un factor discursivo y Biden incluso ha llegado al extremo de solicitar un diálogo con el mandatario de Corea del Norte, Kim Jong-un, para establecer relaciones menos hostiles.
En cuanto a México, el presidente López Obrador anunció que está seguro de que el gobierno de Estados Unidos ayudará pronto a México a tener más vacunas contra la covid-19 y aseguró que las dosis no faltarán en el país.
La transformación es evidente, ahora falta que la interpreten correctamente quienes se encargan de dar luz sobre lo que sucede entre los dos países.
La llegada de un nuevo siglo, la pandemia, el cambio de régimen que significó para Estados Unidos el estilo personal de gobernar de Trump, y el cambio radical de régimen en México, exigen ver la relación entre ambos países con más responsabilidad y, ¿por qué no? Con asombro. PEGA Y CORRE. – Las elecciones sacan lo peor de sus contrincantes. Esta vez la candidata natural del PAN a la gubernatura de Chihuahua, Maru Campos, está acusada de estar en la nómina del exgobernador César Duarte. Falta que se lo comprueben… Esta columna se publica los lunes, miércoles y viernes.

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