Ciudad Mágica: Sueño Lacustre (+fotos)

UTOPÍA. Hace 10 años, los arquitectos Alberto Kalach y Teodoro González de León propusieron un proyecto urbanístico para recuperar el sistema acuífero del Valle del Anáhuac

Ciudad Mágica: Sueño Lacustre (+fotos)
Foto: JEFTÉ ARGUELLO ONÍRICO. La luna con su tenue brillo pinta las ondas del agua, mientras el sol al oriente ilumina los contornos de los volcanes que resguardan el Anáhuac

Una tenue neblina se forma por la evaporación del agua, mientras la oscuridad protege a las aves y anfibios que resuellan en las márgenes de las chinampas. Estamos en el Lago de Xochimilco, donde aún existen los canales que en tiempos antiguos rodeaban en su totalidad a la desaparecida Tenochititlán.

El ojo de 24 HORAS captó el amanecer en uno de los canales de esta zona al sur de la CDMX.

Hace 10 años, los arquitectos mexicanos Alberto Kalach y Teodoro González de León propusieron un ambicioso proyecto urbanístico para recuperar el sistema acuífero del Valle del Anáhuac.

Su idea era rescatar el antiguo Lago de Texcoco y generar un sistema de lagos contiguos e interconectados por infraestructuras urbanas. Esa zona de lagos sería tres veces más grande que la bahía de Acapulco y se alimentaría con aguas tratadas que la ciudad desecha.

Esta utopía urbana, que nunca vio la luz, pretendía resolver el problema de las inundaciones, abastecer de agua a la Zona Metropolitana, recargar los mantos acuíferos y limpiar el aire.

 

ZONA CHINAMPERA
Antes de la llegada de los españoles, los xochimilcas descubrieron cómo ganarle terreno al lago mediante pequeñas porciones de tierra ancladas con árboles que se enraizaban al suelo fangoso, y funcionaban como hortalizas. Así surgieron las chinampas (del náhuatl chinamitl o cerca de cañas).

Tras la caída de México-Tenochtitlán, el agua se convirtió en una especie de enemigo para los españoles, quienes comenzaron la desecación de los lagos para fundar la capital de la Nueva España.

Con el paso de los siglos, el Lago de Texcoco perdió su extensión, quedando sólo un reducto de canales en las alcaldías Xochimilco, Tláhuac y Milpa Alta.

Y sin embargo, su belleza pervive: la luna con su tenue brillo pinta las ondas del agua, mientras el sol al oriente ilumina los contornos del Popocatépetl y el Iztaccíhuatl, los eternos guardianes del Anáhuac. El tono naranja asciende y llena de luz a la gran capital, que por un momento deja de ser la urbe cosmopolita para renacer como ciudad lacustre.

 

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fahl