"Esta fue una observación especial, y realmente genial ver cómo la historia se unió", dijo uno de los investigadores

Un examen de datos de la misión MESSENGER de la NASA reveló que esta nave fue testigo, muy probablemente, del primer impacto de un meteoroide sobre la superficie de otro planeta.

Anteriormente, los impactos de meteoroides solo se habían observado con telescopios en la Tierra y la Luna.

«Es simplemente increíble que MESSENGER pudiera ver cómo sucedía esto», dijo en un comunicado Jamie Jasinski, físico espacial del Laboratorio de Propulsión a Chorro en Pasadena, California, y el autor principal del estudio.

De acuerdo con lo mencionado por el físico, estos datos juegan un papel importante para comprender cómo los impactos de meteoroides aportan material a la exosfera de Mercurio.

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Mercurio tiene solo una astilla de atmósfera llamada exosfera, con una presión que es una cuadrillonésima parte de la que se siente al nivel del mar en la Tierra. La exosfera se forma en el lado que mira al Sol de Mercurio a partir de material originalmente en la superficie del planeta, incluido el sodio y alrededor de una docena de otro tipo de moléculas.

Según los científicos creen que los impactos de los meteoroides, en parte, son responsables de colocar dicho material en la exosfera de este planeta.

«Los grandes impactos de meteoroides pueden disparar una enorme cantidad de material de la superficie, excediendo brevemente la masa de toda la exosfera de Mercurio», señaló Jasinski.

El estudio menciona que los meteoroides provienen del cinturón de asteroides, a más de 200 millones de kilómetros de distancia, donde las interacciones gravitacionales entre los asteroides y Júpiter o Marte envían pequeñas rocas espaciales en espiral hacia el interior del sistema solar.

Algunos probablemente deberían golpear inevitablemente a Mercurio, arrojando partículas a miles de kilómetros en su exosfera. Aunque nunca se había registrado.

Con la misión MErcury Surface, Space ENvironment, GEochemistry and Ranging (MESSENGER) los científicos cubrieron sus apuestas, pues esperaban que la nave experimentará dos impactos por año, pero nunca se dio.

«Simplemente muestra lo raro que es tener la nave espacial en el lugar y el momento correctos para poder medir algo como esto», detalló Leonardo Regoli, coautor del estudio.

El 21 de diciembre de 2013, cuando la nave se deslizó sobre el lado de Mercurio con el sol, el instrumento Espectrómetro de Plasma de Imágenes Rápidas (FIPS), vio algo extraño. Detectó una gran cantidad de iones de sodio y silicio que soplaban en el viento solar. Estas partículas viajaban en un haz estrecho, casi todos en una misma dirección y a la misma velocidad.

Al investigar más, encontraron las partículas agrupadas en una columna densa que salía de la superficie de Mercurio y que se extendió casi 5 kilómetros en el espacio.

Los científicos consideraron varias causas posibles, pero el impacto del meteoroide tenía más sentido. Estiman que este tenía poco más de un metro de largo, pero lo suficientemente grande para que los modelos sugieran que crearía una columna densa con una altura y densidad considerable.

«Esta fue una observación especial, y realmente genial ver cómo la historia se unió», dijo Regoli.

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EAM