Del cuerpo y su educación formal

TABLERO POLÍTICO
Mario Antonio Ramirez Barajas

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Dr. Mario A. Ramírez Barajas

*Doctor en Administración Publica por la Universidad Anáhuac y presidente de la Federación Nacional de Ajedrez de México (FENAMAC).

Vivimos una época de glorificación al cuerpo. El cuerpo a exhibir y exaltar es el joven y fuerte. Si en otros tiempos, por cierto no muy lejanos, nos cubrimos y la moral y las buenas reglas del momento limitaban la exposición corporal, ahora con un golpe de péndulo, estamos hasta el otro extremo.

Faldas y pantalones que dejan poco a la imaginación, invasión de cuerpos semidesnudos en medios impresos y electrónicos. Pareciera estemos viviendo una gran resurrección de la carne.

Todo esto parece estar consolidando una cultura hacia el cuerpo en lugar de una del cuerpo. Si bien, admiramos y deseamos una presencia física como la de cualquier modelo de un anuncio comercial, no hemos sido capaces de procurar y entender que el cuidado de nuestra corporeidad tiene implicaciones educativas y formativas y éstas se deben adquirir en el marco de la educación formal.

Sólo un pueblo con una muy pobre cultura del cuerpo, puede creer en tantos aparatos “milagrosos” o medicamentos capaces de transformarnos, sin acudir a los ejercicios físicos. En nuestro país parece ser una de las industrias más florecientes y con mayor futuro.

La preocupación humanista por lograr un hombre completo, pasa, inevitablemente, por el desarrollo de los dos grandes potenciales del hombre. El biológico expresado con el movimiento y el intelectual ligado a los procesos mentales.

A través de la historia los grandes pensadores han planteado y entendido el desarrollo de la personalidad sin posibilidad de disociarse de las habilidades físicas.

Aristóteles hablaba de cuerpo y alma, pugnaba por una educación moral, intelectual y física. También en la época griega existió admiración y cuidado por el cuerpo fuerte y fueron los primeros que en sus palestras y gimnasios formalizaron la actividad física para desarrollar diferentes capacidades. Gillet nos menciona en su historia del deporte, publicada en Barcelona en 1971, las tres vías que utilizaban en su educación corporal. La “agonística”, para desarrollar la capacidad de combate y la voluntad, con el atletismo y la lucha como instrumentos. La “esferística”, con juegos de pelota como el llamado “Juego de Ucrania”, donde con la mano, golpeaban una pelota del tamaño de una manzana y cuyo objetivo era evitar que tocara el suelo. Lo llegó a describir Homero en la Odisea, fortalecían la capacidad de decisión.

Finalmente “acrobacia y danzas”, actuaban como mediador para el cultivo de cualidades artísticas y de educación del ritmo. Un programa tal vez más rico y profundo en comparación con otros creados posteriormente.

Después un corrimiento al otro extremo durante la edad media, el predominio de la religión católica trajo consigo la preocupación de la carne como fuente y origen del pecado y, a cubrirse se ha dicho. La actividad física sólo se encontró permitida y estimulada en prácticas de y para la guerra.

El renacimiento trajo consigo nuevas ideas pedagógicas, de hecho el humanismo, o la preocupación por hacer del hombre un ser superior reencuentra su camino en esta época. Se concede importancia a los ejercicios físicos para el correcto desarrollo biológico del hombre, para su higiene y salud, y para expresar la necesidad de movimiento en la edad infantil y adolescente.

La necesidad reconocida de que exista educación física en las escuelas, no es un invento de nosotros los profesores para justificar nuestra presencia en el sistema educativo. La relación de pedagogos y filósofos que le dan sustento es larga y sólida.

Baste mencionar algunos ejemplos. Pietro Paolo Vergerio médico, poeta y abogado (1304–1374) en su libro “De ingenios Moribus” boceta un programa de ejercicios y su importancia para la sociedad y el individuo. Baltasare Castiglione (1478-1529) publica “Il Cortegiano” y relaciona la actividad física con el deseo de belleza y armonía. Dos pedagogos italianos, Battista de Guarino (1370–1461) y Viltorino Rambla da Feltre (1378–1446) en sus institutos de Ferrara y Mantova introducen un programa de ejercicios físicos y juegos deportivos.

Gerónimo Mercurialis médico italiano (1530–1606), nos da una muestra de que el pensamiento cuando es reflexivo puede traspasar los tiempos para poner a prueba su vigencia. Escribe “De arte gimnástica” y plantea tres grandes expresiones gimnásticas. La simple médica o verdadera, en sus palabras “…cuida que los hombres adquieran salud por medio del trabajo y ejercicios moderados y obtengan un buen hábito del cuerpo”. La militar “…para que hombres jóvenes y aún las mujeres se preparen para la guerra con fortaleza. Y, la tercera llamada viciosa o atlética, “…trabaja en hacer robustos a los hombres con el fin de vencer en las contiendas, adquirir el premio y las coronas…y que se ha llamado viciosa por dirigirse a adquirir fuerza y no salud”.

Sabiduría expresada en una voz de hace siglos.

Lo conocemos porque en España se traduce al español en 1845 y en 1973 el profesor Miguel Piernavieja del Pozo logra una reproducción facsimilar.
Con estos antecedentes la visión humanista se profundiza: En Inglaterra Thomas Moro (1516–1535), Thomas Elliot (1490–1546), Roger Ascham (1516–1568) y Richard Mulcaster (1530–1611) subrayan el papel de la educación del cuerpo en el proceso escolar de los jóvenes.

En Suiza, Johan Heinrich Pestalozzi (1746–1827) sustenta que los métodos de la educación física tienen que ir combinados con los de formación moral y mental. En Alemania Johann Christoph Guts Muths (1759–1839) dice: “…los ejercicios físicos influyen en la salud del cuerpo y al mismo tiempo en la alegría del alma… en el aumento de la sensibilidad de los sentidos y en el fortalecimiento de las capacidades mentales”. Para fines del siglo XIX Thomas Arnold introduce juegos deportivos en los colegios ingleses y a principios del siglo XX Pierre de Coubertain crea los Juegos Olímpicos y detona el interés mundial por el deporte, el cual a partir de ahí se traslada a las escuelas.

La preocupación por el cuerpo, su significado y educación ha estado presente desde hace cientos de años, la preocupación actual por él es una gran oportunidad para rescatar la importancia de la educación física para contribuir a la formación de un hombre superior, capaz de expresarse y relacionarse adecuadamente con su entorno a través del movimiento.

El papel del deporte en esto será motivo de otra reflexión.

 

tfa

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