Símbolo de fidelidad en un deporte tan monetizado, los deportistas que nunca saltaron de equipo despiertan especial simpatía.

Pensemos en Francesco Totti con la Roma, Kobe Bryant con los Lakers, Lawrence Taylor con los Gigantes, Derek Jeter con Yanquis.

Sin embargo, debemos admitir que quienes se atrevieron a cambiar de aires y salieron de donde lucían tan plácidos nos muestran otro valor indispensable: adaptabilidad, audacia, asumir riesgos, confianza en sí mismos, ganas de crecer.

El ejemplo más claro en el actual planeta futbol es Cristiano Ronaldo como estandarte juventino, aunque por ahí tenemos a Zlatan Ibrahimovic anotando y liderando donde sea que se instale, incluso a Raúl González al triunfar en Alemania tras su brillantísima era madridista.

O en la NFL lo que está suponiendo el temporadón de Tom Brady con los Bucaneros de Tampa: lo cómodo para el quarterback más laureado de la historia habría sido continuar con Nueva Inglaterra hasta el final: mismo orden, misma gente, mismo todo, desde el colegio de sus hijos hasta el camino al trabajo. Parecido a Peyton Manning, culminando su carrera con un título en la Denver a la que no llegó desde Indianápolis para simplemente jubilarse sino para colocar un cerrojo de oro a su leyenda.

Eso, y no sólo la fidelidad a unos exclusivos colores, son parte de la grandeza. En el deporte motor resulta más evidente, dado que un cambio de escudería implica otra tecnología. Podría pensarse que el hoy piloto del récord, Lewis Hamilton, nunca se arriesgó, dado que siempre estuvo bajo unidades de potencia Mercedes (antes en McLaren Mercedes, ahora en Mercedes AMG Petronas). Mas, como me aclara el gran experto Luis Manuel Chacho López, esa transición implicó para Hamilton una nueva base técnica y el subirse a un bólido que no era ganador en tiempos recientes.

Si Michael Schumacher labró su palmarés entre Benetton y Ferrari, el prototipo del campeón aventurero ha de ser Juan Manuel Fangio, monarca lo mismo a bordo de Alfa Romeo, que de Maserati, Mercedes y Ferrari.

Habría sido sumamente interesante ver a Lionel Messi en la Premier League, reencuentro con el Pep Guardiola de sus orígenes mas en un entorno tan diferente, con el ritmo de juego y la feroz competitividad del futbol inglés, sin el empoderamiento del que goza en Barcelona (aunque le moleste la mera insinuación). De forma parecida, nunca  asimilaremos lo que Pelé hubiera logrado en el futbol europeo, bloqueada su salida de Brasil por la dictadura militar.

Sobra el prejuicio de que habría fracasado, visto que grandes sudamericanos de épocas cercanas (por ejemplo, Di Stéfano o Sívori) resultaron todavía más exquisitos en España o Italia que en Argentina…, aunque también está su contemporáneo y compatriota Didí con su frustrante trajinar por el Real Madrid (en parte, por choque de egos con el ya mencionado Di Stéfano).

Con LeBron James en el trono de la NBA con su tercera institución, Brady buscando en la bahía de Tampa el anillo de Super Bowl que le sería más apreciado y Cristiano persiguiendo su Champions con tercer equipo diferente, el tema es interesante.

A todo esto, otro tipo de valentía representa el reinventarse sin salir de casa, el ser guía en un mismo club de más de una generación. Ni mejor ni peor. Cada gloria a su manera.

 

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Alberto Lati

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