Imposible resistirse a lo inevitable. No hay más garantía para culminar las diversas temporadas de este 2020 –y presumiblemente del primer semestre de 2021– que las burbujas.

Ese modelo de deporte in vitro que consolidara la NBA mega aislada en Orlando, es el único camino a salvo de riesgos. Así le ha funcionado también a la NHL en su burbuja canadiense, lo mismo a la Champions League futbolera en Lisboa y ahora a las Grandes Ligas mudadas a sedes fijas desde la postemporada.

Por tomar el ejemplo del beisbol, hasta antes de separar a sus peloteros del mundo y controlar cada uno de sus movimientos tanto en la burbuja en California como en la constituida en Texas, los casos positivos fueron habituales. Tiempos en los que iban y venían de casa, tenían vida social, decidían cuánto se cuidaban o desprotegían (el brote de un equipo, por ejemplo, se relacionó con su irresponsable visita a un casino; en otro caso, a una salida nocturna saltando de bar en bar).

En ese punto se encuentra de momento la NFL, a cada semana reportando que las instalaciones de un equipo diferente han sido cerradas por pruebas positivas. O la recién iniciada Champions League, con el club ucraniano Shakhtar Donetsk desprovisto de once elementos por covid-19 para su cotejo debut ante Real Madrid, lo mismo el Bayern sin disponer de Serge Gnabry y la Juventus de Cristiano Ronaldo. O la Liga Mx que, por su volumen de contagios, pareciera estarse adelantando al país en la generación de la llamada inmunidad de rebaño: la cifra de quienes han dado pruebas positivas resulta enorme.

A falta de burbujas o aislamientos, los equipos vivirán colgados del azar tal como los ciudadanos comunes que tienen que trabajar fuera de casa, aunque con mayor riesgo por el tipo de convivio en un plantel y la cantidad de gente involucrada. Es decir, que sin importar los protocolos que se sigan en sus entrenamientos, están más expuestos que la mayoría de los ajenos al deporte.

Por ello, todos los caminos llevan a las burbujas, incluso bajo el entendido de que no siempre es costeable dar ese paso. La NBA fue modélica en su instauración. La MLB ahora disfruta de sus rondas decisivas al fin libre de temor. ¿Qué pasaría si en un partido de las Series de Campeonato se hubieran dado casos positivos? Más allá de lo humano, esperando que quien se contagiara superara el virus con salud y sin esparcir la pandemia entre los más vulnerables, un desastre deportivo y mediático. Resulta inimaginable tanto el orillar a las novenas a jugarse el título sin determinado pelotero, como el reprogramar esas instancias con esos niveles de ventas en todo sentido –porque no sería un escaso partido, como acontece cuando el clima obliga a posponer, sino que hasta dos semanas de posposición.

Conforme avance el tiempo veremos cómo se plantea el deporte para el inicio de 2021. Visto que no hay vacuna, visto que en cuanto se toma un poco de relajación el virus vuelve a alargar sus tentáculos, más burbujas nos esperan. En eso ya están pensando los Olímpicos de Tokio, asumiendo la descomunal dificultad que representa para sus planes.

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Alberto Lati

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