Para matar al hombre de la paz,

para golpear su frente limpia de pesadillas

tuvieron que convertirse en pesadilla,

para vencer al hombre de la paz

Mario Benedetti

Hace cuatro décadas, un lustro y dos años que los golpistas asaltaron la Casa de la Moneda en Chile. Iban en busca del hombre de la paz, iban por Salvador Allende.

Querían silenciar a Allende, al precursor de los programas de asistencia a los adultos mayores, el de la gratuidad de la educación y la descentralización de la cultura a los barrios y pueblos, entre otras tantas acciones de su Gobierno.

Querían silenciar al «Compañero Presidente», al que rompió los paradigmas de la época y logró asumir el poder por la vía del voto popular, forjando así lo que se conoce como «la vía chilena al socialismo».

Querían silenciar a Allende, que fue el primer socialista que llegó al poder mediante elecciones libres y populares. Este hecho marco su triunfo y constituyó un hito definitivo en la historia de la izquierda, al punto de dividir opiniones entre quienes insistían que sólo la violencia revolucionaria permitiría el acceso de la izquierda al Gobierno, frente a los que probaron, como el caso de la Unidad Popular en Chile, que era perfectamente posible el triunfo de un gran movimiento popular con ideas de liberación a través del voto libre y pacifico de las grandes mayorías.

Después de cuatro décadas, un lustro y dos años no lograron silenciarlo, al contrario, hicieron más grande al hombre. En pleno siglo XXI su obra y su coraje siguen siendo ejemplo, sigue vigente.

Después de cuatro décadas, un lustro y dos años sus preceptos y pensamiento cobran mayor relevancia, pues demuestran que su esencia era cierta y sus teorías perfectamente justas. Los cambios políticos de una América, ayer convulsa por las dictaduras, hoy decide sus gobiernos por vías democráticas, lo que representa una lección, pues demuestra que la democracia no es sólo un valor en sí mismo, sino un medio necesario para el desarrollo.

Esto significa que hay que asegurar que el poder, en todos sus niveles de Gobierno, se estructure y distribuya de tal forma que dé voz y participación a los excluidos. Esos son los grandes aportes que hace Salvador Allende a América Latina y al mundo. Esas son las grandes experiencias que ofrece el hombre de la paz, el líder, el estadista, al que no pudieron acallar y aún sigue caminando por las grandes alamedas.