Una rifa contra la pandemia

Julio Patán

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Entonces: no hay 500 mil millones de pesos de ahorro por la corrupción, pero sí 500 millones decomisados por la FGR. 500 millones que el Presidente, por aquello de que es más importante la justicia que las leyes, decidió canalizar a nuestro sistema de salud escandinavo. “¡Bravo! ¡La Cuarta va!”, dirán los bienquerientes. Y sí, va, nomás que no en línea recta. Como los caminos de la justicia son sinuosos, el quinientón no irá directamente a las clínicas Covid, no. Va a tener un par de escalas. A ver: la Fiscalía le pasa los recursos al Instituto para Devolver al Pueblo lo Robado, que a su vez se los hará llegar al Insabi, que a su vez los repartirá entre las clínicas anti pandemia. “¿Y cómo llegarán los recursos a las clínicas? –se preguntarán si no han visto el video del Presidente–. ¿Transferencia, cheque? Mmm… ¿Efectivo? ¿Directamente en material médico?” Noup. Antes, se usarán los 500 millones en comprar un millón de cachitos de la rifa del avión, cachitos que se distribuirán entre los hospitales. ¿Se imaginan? Si un hospital le atina –nuestro sistema escandinavo incluye la estrategia de “le atina”,– se embolsa 20 millones. ¿Que los que no ganen, o sea, probabilísticamente, casi todos, se quedarán sin nada, y que el dinero irá a engrosar una bolsa que se supone que era, de origen, para los hospitales? Bueno, sí. Un detallito. Tenemos un Gobierno que se compra boletos de rifa a sí mismo. Pero es que los responsables de instaurar la utopía están teniendo una curva de aprendizaje prolongadona. Paciencia.

Yo, en todo caso, digo que la cosa no está tan mal. 

Y es que lo de instaurar la utopía es difícil, y la curva de aprendizaje permite imaginar una hipotética hoja de ruta como la siguiente. La FGR cambia los 500 millones por efectivo. René Bejarano y Pío López Obrador agarran unas bolsas del súper de las de antes, cuando había bolsas del súper, y se lanzan por la lana. De ahí, se van directo a comprar cachitos de la rifa, que guardan hasta el día del sorteo. Con la lana de los cachitos ganadores, que vuelven a cambiar por cash, se descuelgan a la oficina de la polifacética secretaria de la Función Pública, que la cambia a dólares y viaja a Estados Unidos para comprar equipo médico y medicinas. Con un poco de suerte, el equipo y los medicamentos llegan a los hospitales antes que la vacuna, distribuidos, se me ocurre, por las pipas de gasolina, que ya no son necesarias porque, como sabemos, el huachicoleo terminó.

El que se queje es conservador.

 

                                                                                                                                                @juliopatan09