A los diputados les dio frio eliminar el fuero constitucional que mantiene el Presidente de la República.

Lo que hicieron fue una ampliación del catálogo de delitos por los que puede ser juzgado, pero no se eliminó el proceso de juicio político que debe iniciarse en la Cámara de Diputados antes de poder ser llevado ante un juez.

La propuesta de eliminar el fuero fue del propio presidente Andrés Manuel López Obrador, pero no es un tema nuevo.

De hecho, desde la Legislatura anterior se venía discutiendo el tema en el Senado.

Los priistas, en ese entonces encabezados por Emilio Gamboa Patrón, se oponían a la eliminación del fuero con el argumento de que, sin él, se corría el riesgo de que el jefe del Ejecutivo pudiera ser demandado por cualquier tema -hasta por el incumplimiento de los compromisos de campaña-, lo que provocaría que el mandatario se la viviera en los tribunales.

La discusión de ese momento se enmarcó en un escenario en el que prevalecían las acusaciones, sobre todo de acoso, en contra de políticos de otros países.

El razonamiento de los diputados que votaron a favor de la ampliación del catálogo pero mantuvieron vivo el procedimiento del juicio político antes de perder el fuero fue exactamente el mismo.

La votación para favorecer estas modificaciones a los artículos 108 y 111 Constitucionales fue mayoritaria, 420 votos a favor, 15 abstenciones y cero votos en contra, lo que permite ver que el dictamen había sido previamente planchado y que, pese a los reclamos de algunos diputados de oposición por considerar que tales cambios eran maquillaje, se había decidido mantener protegido al mandatario.

Así que el jefe del Poder Ejecutivo podrá ser juzgado “como cualquier ciudadano’’, en realidad no será así; ya se le puede acusar por delitos electores y corrupción, no solo por traición a la patria, pero se mantiene el tortuoso proceso del juicio político para quitarle el fuero constitucional.

Una más.

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El senador por Morena, Julio Menchaca, es visto como uno de los candidatos “naturales’’ a la gubernatura de Hidalgo.

Sin embargo, fue dejado fuera de las negociaciones que mantuvieron los partidos, incluido el hoy preso Gerardo Sosa Castelán, para repartirse las 84 candidaturas a las presidencias municipales que se disputarán el próximo mes.

Un precandidato a gobernador que no está en esa jugada, no estará en la jugada mayor.

Por cierto, en el Senado se han quejado varias veces de la lentitud con la que Menchaca procesa los asuntos de su responsabilidad -es presidente de la Comisión de Justicia- a tal punto que sus propios compañeros de bancada han tenido que pedir la intervención de Monreal para destrabar los pendientes.

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Hablando del Senado, en la fracción de Morena comenzó la rebatinga por la poderosa Comisión de Puntos Constitucionales que dejó vacante Eduardo Ramírez, hoy presidente de la mesa directiva.

Suena el nombre de la ex presidenta del Senado, Mónica Fernández, pero el grupo de los ultras que encabeza Martí Batres quiere dicha Comisión como premio de consolación.

Hoy podría saberse si Ricardo Monreal, pastor de los morenistas en el Senado, le concede esa gracia al grupo rival o la entrega a Fernández como reconocimiento a su muy aseado trabajo al frente del Senado.

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Dulce María Sauri es la presidenta de la Cámara de Diputados, a pesar de los “noroñazos’’.

La planilla que encabeza logró la mayoría calificada y la superó por siete votos, lo que Gerardo Fernández Noroña festejó como “un triunfo’’ porque ganó con esa diferencia.

Aunque hubiera sido por un voto, ganar es ganar en la democracia.

Así que, ¿de qué se ríe diputado?