Foto: Reuters El tráfico en las calles se está incrementando y las personas están comprando en los mercados y regresando a trabajar a las oficinas, donde se están tomando medidas sanitarias adicionales como chequeos de temperatura  

WUHAN.- Seis meses después de que la Organización Mundial de la Salud recibiera un informe sobre un “virus que causa neumonía” que se convirtió en la pandemia de COVID-19, la vida en la ciudad china de Wuhan está retornando a la normalidad, aunque las mascarillas siguen siendo obligatorias y el trauma emocional prevalece.

 

Wuhan, una ciudad de 11 millones de habitantes, quedó confinada por dos meses desde fines de enero, en una medida draconiana que ayudó a ralentizar el virus desde su epicentro inicial. La provincia de Hubei, y su capital Wuhan, representan buena parte de los 83.531 casos de coronavirus y 4.634 muertes que reporta China.

 

“A medida que pasa el tiempo, la situación epidémica lentamente está mejorando y el virus básicamente ha desaparecido, por ahora”, dijo Pan Yuan, una residente de la ciudad de 55 años, explicando que las personas pueden removerse las mascarillas en lugares de bajo riesgo, aunque estas medidas de protección siguen siendo la norma.

 

“Aún me siento triste cuando hablo de esto”, afirmó.

 

China ha contenido la epidemia de coronavirus, gracias a medidas como pruebas de descarte extendidas y rastreo de contactos, aunque de todas formas tuvo que lidiar con algunos brotes en Pekín este mes.

 

“Cuando surgió hace medio año, las personas estaban asustadas. Me sentí estresado porque amenazaba a mi familia”, dijo Li Chao, un hombre de 32 años en Wuhan. “Gracias a los esfuerzos del gobierno y otras personas en conjunto, la epidemia ha mejorado”, declaró.

 

El tráfico en las calles se está incrementando y las personas están comprando en los mercados y regresando a trabajar a las oficinas, donde se están tomando medidas sanitarias adicionales como chequeos de temperatura.

 

En Pekín, que registró siete nuevos casos diarios en los últimos dos días, los residentes se referían a las incomodidades, pero no expresaban temor.

 

“Creo que lo que cambió fundamentalmente es mi forma de trabajar. Antes todos trabajábamos desde la oficina. Ahora, después de la epidemia, todos lo hacemos desde casa”, dijo un joven de 27 años apellidado Jin.

 

MGL