Islandia ha reelegido este sábado al presidente saliente Gudni Johannesson por cuatro años, con el 90% de los votos, según resultados provisionales.

Con este profesor universitario de historia sin afiliación política, la isla volcánica de 365 mil habitantes opta por la continuidad, 12 años después de la espectacular quiebra de sus bancos en 2008, y en medio de una nueva crisis económica global provocada por la pandemia del nuevo coronavirus.

Según resultados disponibles en torno a la medianoche local y GMT, que abarcan 60 mil sufragios, Gudni Johannesson encabeza los comicios con el 90,7% de los votos, por delante de su único rival, el candidato de derecha populista Gudmundur Jonsson (9,5%).

Un total de 252 mil 217 votantes estaban convocados a las urnas.

Gudmundur Jonsson reconoció su derrota. “Transmito mi felicitación a Gudni y a su familia”, dijo.

El sábado por la mañana, el presidente Johannesson fue a votar en bicicleta en Reikiavik y declaró a la AFP que quería “continuar en la misma dirección” si era reelegido.

“Elección fácil”

En el régimen parlamentario de esta isla nórdica, el presidente islandés desempeña un papel esencialmente protocolario. Tiene un único poder real: el derecho constitucional de bloquear la promulgación de una ley y de someterla a referéndum.

Esta forma de veto presidencial se usó por primera vez  a raíz de la crisis financiera de 2008. El presidente conservador Olafur Grimsson convocó dos referéndums en 2010 y 2011 sobre un acuerdo para indemnizar a los clientes extranjeros perjudicados por la quiebra del banco Icesave.

Después de Serbia, el domingo pasado, y antes de Polonia y Francia este domingo, Islandia es el segundo país en celebrar elecciones desde el inicio de las medidas de confinamiento en Europa.

La epidemia del coronavirus, prácticamente extinguida en esta isla, ha tenido escasa incidencia en la organización de estas elecciones, al margen de la distancia social de dos metros y de la presencia de guantes y gel desinfectante en los colegios electorales.

Johannesson, el presidente más joven elegido desde la independencia en 1944, ha gozado de una gran popularidad desde que asumió el cargo en 2016.

“Creo que fue la elección más fácil de mi vida a la hora de votar. Hace tiempo que lo había decidido”, declaró a la AFP una votante, Ragnhildur Gunnlaugsdóttir, de 47 años. “¿Para qué cambiar cuando está bien?”, añade Helga Linnet, de 46 años.

A diferencia de su predecesor, Grimsson, proclive a la controversia, Johannesson es partidario del consenso.

Su único rival no logró convencer. Este exagente de bolsa de Wall Street que dirige un hotel en Dinamarca desde Islandia entró en política en 2010 creando el partido de derecha populista Haegri graenir.

En un país donde la mayor parte del poder recae en el gobierno y la actual primera ministra de la izquierda ecologista Katrin Jakobsdottir, el opositor Jonsson quería dinamizar el cargo de presidente, por ejemplo utilizando más el referéndum.

Muchos lo consideran contrario a la tradición. “No me gusta eso porque el presidente en Islandia tiene un papel protocolario, no político”, estima Audunn Gisli Arnason, uno de los votantes entrevistados por la AFP antes de la votación.

Las elecciones presidenciales islandesas se han ganado un lugar especial en la historia de la igualdad de género. En 1980 condujeron a la elección de la primera jefa de Estado del mundo, Vigdis Finnbogadottir, quien actualmente tiene 90 años.

 

ica