José Ureña

Todo mexicano llegado a Estados Unidos lo nota:

En los mostradores de migración los más severos, los más exigentes, son mexicanos naturalizados o descendientes de mexicanos.

Preguntan mucho y a veces intimidan aunque al final autoricen el ingreso en puertos, aeropuertos y puentes fronterizos.

Con frecuencia exigen comprobantes de dinero en efectivo, tarjetas o compromisos de familiares para solventar su permanencia.

Muy diferentes a los anglosajones, quienes simplemente ven el historial del visitante, piden algunos datos y conceden el permiso de ingreso.

Pero hay otro elemento oculto en las elecciones de noviembre de 2016:

Gran parte de mexicanos de primera, segunda o tercera generación, o con ciudadanía adquirida tras inmigrar, votaron por Donald Trump en 2016.

Dieron la espalda a la demócrata Hillary Clinton y contribuyeron al sorpresivo triunfo del magnate republicano de Nueva York.

Hoy ese sector es objetivo de Trump y para asegurarlo necesita del Presidente mexicano como hace cuatro años usó a Enrique Peña.

DE VIDEGARAY A EBRARD

Entonces el candidato republicano contó con el respaldo del canciller Luis Videgaray.

Este presumía su gran relación con Jared Kushner, el influyente yerno y consejero en asuntos internacionales de Donald Trump.

Relación real, al grado de ser hoy Videgaray visitante frecuente de Washington, la Casa Blanca y con altos funcionarios del staff presidencial.

En aquellos tiempos el entonces expatriado y hoy canciller mexicano Marcelo Ebrard tenía otras funciones y aquí lo publicamos.

Era el enlace de Andrés Manuel López con misiones especiales con Hillary Clinton y los republicanos.

Pero ella perdió, luego el tabasqueño llegó al poder y, pragmático de siempre, el secretario de Relaciones Exteriores trabaja con el magnate.

Cuando otros medios hablaban de la cancelación del encuentro de los presidentes de México y Estados Unidos, aquí destacábamos lo contrario.

Ya está.

Con un problema: para no verse tan obsecuentes con Trump -como si hicieran falta más evidencias-, se ha pedido la presencia del primer ministro Justin Trudeau.

Quién sabe si el canadiense se preste también a ser instrumento de campaña para la reelección del republicano.

MÁS FRACTURAS EN LA 4T

1.- Nadie lo llamó, pero John Ackerman se lanzó contra el jefe del control político del Senado de la República, Ricardo Monreal.

Lo criticó por hablar con periodistas de todo signo y dar un entrevista a Carlos Loret de Mola, quien destapó el extraño enriquecimiento de la secretaria de la Función Pública, Irma Eréndira Sandoval.

Fue un error: todos los senadores del partido del Gobierno se unieron en torno a Monreal y recriminaron a Ackerman pretender inmiscuirse en asuntos de la bancada.

Y 2.- En sentido contrario al país, las calificadoras amparan al Grupo Televisa por “su posición de liquidez excepcional”.

Destacan más virtudes Standard & Poor’s Global Ratings y Fitch Ratings del consorcio de Emilio Azcárraga Jean:

“Un modelo de negocios diversificado, un calendario de vencimientos de deuda cómodo sin vencimientos relevantes a corto plazo y un perfil crediticio sólido”.

LEG

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