Foto: Reuters Pareciera ser que los días de Roselló como gobernador de Puerto Rico están contados. En poco tiempo se sabrá  

El escándalo por la filtración de un chat que reunía a Ricardo Rosselló, gobernador de Puerto Rico, y gente muy cercana a él, con o sin cargo público, estalló una crisis aderezada por el huracán María, quiebra financiera y la relación en choque con el presidente Donald Trump.

 

El gobernador del Estado Libre Asociado parecía abrir una buena época a la isla por su estirpe política y sus antecedentes académicos, pese a sus presuntos excesos en alcohol y sustancias ilegales, según cita su biografía elaborada por el Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica (CELAG).

 

Hijo de Pedro Roselló quien gobernó la isla de 1992 a 2000, egresó del afamado Instituto Tecnológico de Massachusets con tres licenciaturas: ingeniería química, ingeniería biomédica y economía, que aumentó con el doctorado en la segunda disciplina por la Universidad de Michigan.

 

Partidario de la plena anexión puertorriqueña a Estados Unidos, el militante del Partido Nuevo Progresista (PNP) es afín al Partido Demócrata donde ha apoyado a Hillary Clinton, credenciales con las cuales se presentó a las elecciones locales de 2016 que ganó.

 

En su biografía oficial, la “estadidad” o plena anexión a Estados Unidos y su oposición a la instauración del Impuesto al Valor Agregado (IVA), son subrayadas como sus mejores credenciales políticas para la gestión que inició en enero de 2017.

 

Sin embargo, esas cualidades políticas estallaron por la filtración de 889 páginas de conversaciones a través de Telegram, donde se aprecian intercambios usuales entre actores políticos como notas de prensa o sus ligas.

 

Pero indignó el uso de términos obscenos aunque populares, referencias partidistas incuestionables por funcionarios públicos en horas de trabajo y claras sugerencias de acciones corruptas.

 

Se trata de apenas dos meses de conversaciones -noviembre de 2018 a enero pasado- reveladas por el Centro de Periodismo Investigativo (CPI) hace 10 días, pero que ha colmado a los puertorriqueños, que leyeron ofensas a sus figuras emblemáticas y frases misóginas y de discriminación de género y de preferencia sexual.

 

Las conversaciones revivieron las heridas sin cerrar dejadas por los huracanes Irma, en septiembre de 2017 y apenas dos semanas después, María, que tocó de llenó a la isla, además de la destrucción y secuela de pésimo manejo políticos de ambos meteoros en San Juan y sobre todo en Washington.

 

En octubre de 2017 el presidente Donald Trump visitó Puerto Rico y en su tradicional estilo dijo que lo ocurrido no se comparaba al desastre por el huracán Katrina en el sur estadunidense en 2005, que cobró más de mil 800 vidas.

 

En la isla el malestar por esas declaraciones creció con las imágenes de televisión que mostraron al jefe de la Casa Blanca lanzando, como si estuviera en una feria, bolsas de ayuda a los damnificados, la mayoría de los 3.5 millones de habitantes de Puerto Rico.

 

Poco antes de la visita presidencial, Carmen Yulín Cruz, alcaldesa de San Juan, había señalado que ya no había tiempo para la paciencia, en referencia a la lentitud con que el auxilio llegaba desde Washington.

 

Y en su habitual medio de comunicación, Twitter, el presidente Trump había respondido que tanto ella como el gobernador Rosselló y otros responsables políticos borinqueños tenían “poca capacidad de liderazgo”. “Quieren que se les haga todo”, agregó.

 

Sin embargo, en mayo del año pasado, quedó en claro que no habían sido menos de 20 los fallecidos según indicaban los reportes de las primeras horas tras el paso de María, ni los 64 que se reconocen oficialmente, sino al menos cuatro mil 645 personas, dos veces y media más que el saldo mortal de Katrina.

 

Tal cifra proviene de un estudio conjunto de las universidades de Harvard, la Carlos Albizu en San Juan, y el Beth Israel Deaconess Medical Center, publicado en el New England Journal of Medicine.

 

El disparo de la cifra se debió a las fallas y suspensiones de los servicios por el paso de María en servicios de atención médicas para personas de edad o enfermos crónicos, todo en el marco de la falta de electricidad que superó los 100 días.

 

Los datos se obtuvieron de trabajo que registró fallecimientos que no habían sido reportados a las autoridades en particular ocurridas en el campo borinqueño, y que dejó fuera de la contabilidad a personas reportadas como desaparecidas.

 

Los estragos de los huracanes agrandaron las consecuencias de una deuda que se volvió inmanejable en los pasados 13 años, en parte por el fin de la exención fiscal establecida en 1976 para las empresas estadunidenses que operaran en la isla, y que contribuyó a la recesión borinqueña que comenzó en 2016.

 

En ese año la tasa de desempleo llegó al 12.2 por ciento, que duplica a la estadunidense, mientras el monto de la deuda pública sumaba 72 mil millones de dólares, cifra impagable al tiempo que obstaculizaba la prestación de los servicios públicos, recordó la BBC.

 

Ahora, las 889 páginas del chat han alimentado la crisis nacida de un liderazgo local fallido, el estilo tuitero presidencial en Washington, las consecuencia de la fuerza de la naturaleza y la sequía financiera.

 

Pareciera ser que los días de Roselló como gobernador de Puerto Rico están contados. En poco tiempo se sabrá.

 

 

 

jhs