En la información de Televisa difundida este lunes se revela una más de las raras coincidencias numéricas y paradojas de la historia que constituyen nuestra coyuntura: 43 mexicanos eran víctimas de trata y fueron liberados por la Policía canadiense.

Se trata del mismo número de personas que habrían sido víctimas por otra de las expresiones del crimen organizado que tanto han lastimado a México y, en este caso, de manera particular a las familias de los 43 jóvenes desaparecidos en Ayotzinapa en septiembre de 2014.

La muerte habría desaparecido a esos jóvenes de entre los que buscaban la educación como instrumento de oportunidad profesional y la esclavitud atrapó a otros que buscan a la migración como una alternativa de movilidad social.

A los mexicanos esclavizados en Ontario se les obligaba a trabajar en hoteles del centro y este de esa ciudad canadiense. Formaban parte de los cerca de 28 millones de personas víctimas de este fenómeno a nivel mundial y en el cual participan diversos niveles de acciones de organismos delincuenciales.

Como se sabe, la trata tiene diversas expresiones desde su identificación como un fenómeno global, criminal y multimillonario. Existen, fundamentalmente, la esclavitud sexual y laboral, y de acuerdo a los datos que se procesan a nivel nacional desde el Consejo Ciudadano para la Seguridad y Justicia de la Ciudad de México, alrededor de 73% de sus víctimas son mujeres.

Desde la Línea Nacional contra la Trata, el 01 800 5533 000, se ha construido una de las más relevantes plataformas de denuncia, contención y sanción de que se tenga conocimiento entre los países miembros de la OCDE, gracias a una capacidad de mantener alianzas y sinergias que mirando por un bien superior han dejado en el camino los diversos afanes individualistas o protagónicos de los que podría haberse alimentado el impulso original para crearla.

Mientras existe un nuevo compromiso en contra de la trata, de la cual forma parte el subsecretario de Gobernación, Alejandro Encinas, aliados estadounidenses del tema como la asociación Polaris y una docena de organizaciones mexicanas que buscan visibilizar la vigencia de ese delito y sugieren formas de prevenirlo y enfrentarlo, los datos no son halagüeños en lo que respecta a las capacidades del conjunto de las voluntades para enfrentarse al problema.

La denuncia, como en todos los demás delitos, es la forma más contundente que existe para que la autoridad pueda entender y mapear los patrones de conducta que utilizan los tratantes para atrapar a sus víctimas.

La cultura política y cívica que es indispensable para progresar en la solución de todos los problemas de seguridad en los cuales participan expresiones del crimen organizado pasa por reconocer un nuevo diagnóstico del fenómeno a nivel nacional y mundial, en el cual organismos criminales nacionales con capacidades globales han adquirido recientemente espacios de control territorial, institucional y digital que hacen pertinente un nuevo planteamiento dirigido a esa comprensión.

Que no ocurra como en los 43 de Ayotzinapa, que debamos de concentrarnos en las secuelas de una gigantesca historia que se construye después de la tragedia cuando podemos atender una buena parte de su solución antes de que aquella se asome.

@guerrerochipres