El pasado 30 de noviembre arrancó una nueva etapa en el comercio entre México, Estados Unidos y Canadá, con la consolidación de la firma del nuevo Tratado de Libre Comercio de América del Norte.

 

Para llegar a ello, se destinaron 13 meses y medio de intensas negociaciones entre los equipos de los tres países. Ahora, el documento que fue firmado en Buenos Aires, Argentina, debe ser ratificado por los congresos de las naciones participantes para su entrada en vigor que, de acuerdo con los negociadores, podría ser hacia principios de 2020.

 

Ese paso permitirá sustituir al Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), instrumento que ha estado en función desde 1994 y que permitió formar uno de los bloques comerciales más importantes del mundo.

 

Hoy en día alberga a cerca de 500 millones de habitantes, es decir, 7.0 % de la población mundial. Los tres países representan el 28 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB) mundial y el 16 por ciento del comercio internacional, de acuerdo con datos de la Secretaría de Economía (SE).

 

Para Francisco de Rosenzweig, ex subsecretario de Comercio Exterior y socio de la firma White & Case, el proceso de ratificación es de suma importancia porque se podrá eliminar o reducir cualquier tipo de incertidumbre que todavía pueda surgir por el instrumento comercial.

 

“2019 será un año relevante por los esfuerzos que se estarán haciendo de manera conjunta, a través del sector privado, para cabildear y avanzar en la aprobación del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC)”, argumentó en entrevista con Notimex.

 

“Es todavía un trabajo que queda por delante”, apuntó el presidente del Consejo Coordinador Empresarial (CCE), Juan Pablo Castañón, al señalar que con el triunfo de los demócratas en la Cámara de Representantes, se tiene aún un riesgo.

 

Esa situación podría implicar que pidan negociar el T-MEC a través de cartas paralelas en algunos capítulos, como laboral o ambiental, sostuvo a Notimex.

 

Por ello, dijo que los empresarios mexicanos -integrados en el llamado Cuarto de Junto- harán una alianza con sus homólogos estadounidenses para empujar la aprobación del nuevo acuerdo comercial en las cámaras legislativas del país vecino del norte.

 

De Rosenzweig apuntó que en esa robusta estrategia de coordinación también deben, sin duda, sumarse el trabajo y la experiencia de negociación de la secretaría de Economía, Graciela Márquez Colín, y del subsecretario para América del Norte en la Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE), Jesús Seade, para hacer frente a cualquier embate.

 

El también presidente del Comité de Comercio Exterior y Logística de Amcham México, consideró que el diplomático mexicano es un activo que tiene vasta capacidad de continuar con la agenda bilateral con Estados Unidos, resolver el tema pendiente de aranceles al acero y aluminio e impulsar el T-MEC hacia su entrada en vigor.

 

Durante la segunda semana de diciembre y luego de haber tomado posesión como titular de la Secretaría de Economía (SE), Márquez Colín sostuvo una conversación telefónica con el representante Comercial de Estados Unidos, Robert Lighthizer, y la ministra de Asuntos Exteriores de Canadá, Chrystia Freeland.

 

En aquellas charlas se discutió la forma de promover la relación comercial y de inversión e incluso sobre la aprobación del T-MEC en sus respectivas legislaturas. Sin embargo, uno de los pendientes son los aranceles del 25 por ciento al acero y 10 por ciento al aluminio que impuso el gobierno estadounidense bajo la Sección 232.

 

De Rosenzweig consideró que ese tema debe resolverse a la brevedad. “A mí me parece que hablar de tres o seis meses para encontrar una solución, es hablar de muchos meses, al considerar que las exportaciones mexicanas ya han caído y es un punto de preocupación”.

 

Datos de la Cámara de la Industria de Transformación (Caintra) de Nuevo León indican que de junio a noviembre, las exportaciones de acero de Estados Unidos a México se habían mantenido, pero en la ventas mexicanas hacia aquel país se tuvo una caída de 30%.

 

Pero no sólo hay afectaciones en los ingresos, sino que están en juego los miles de empleos de quienes forman parte de la industria acerera y toda su cadena de proveeduría. “De ahí que yo prefiero no poner un plazo, sino señalar la urgencia de que esto se resuelva a la brevedad”, insistió.

 

Se estima que de cada 100 dólares del intercambio comercial que México realiza con el mundo, 66 dólares son resultado de la relación con Estados Unidos y Canadá.

 

Castañón estima que el T-MEC genere un crecimiento de 30% o 35% en el comercio de la región, pero esta será posible si se impulsa la infraestructura suficiente en el sur-sureste del país y ofrece certidumbre a las inversiones en nuestro país.

 

jhs