Foto: @SenadorLuenzo/Twitter Agresiones físicas y verbales en las calles a quienes portaban el pañuelo verde que simboliza el apoyo a la legalización del aborto  

El debate parlamentario sobre la legalización del aborto en Argentina entró en su recta final en medio de las presiones eclesiásticas para su rechazo y el activismo del movimiento feminista a favor de su aprobación.

 

El próximo martes concluirán las audiencias públicas que se realizaron en el Senado después que el pasado 13 de junio la Cámara de Diputados aprobó el proyecto de ley de interrupción voluntaria del embarazo.

 

Después, los senadores miembros de las comisiones de Asuntos Constitucionales, Salud y Justicia emitirán un dictamen que será debatido en una histórica sesión plenaria, a realizarse el 8 de agosto próximo.

 

La iniciativa legaliza el aborto hasta la semana 14 del embarazo sin mayores causales y ante el solo pedido de la persona gestante, que puede ser una mujer o un hombre transexual.

 

Entre la discusión en la Cámara de Diputados y la del Senado, la Iglesia católica intensificó sus presiones en contra del proyecto, lo que fue acompañado por mayores actos de violencia por parte de grupos antiabortistas.

 

Agresiones físicas y verbales en las calles a quienes portaban el pañuelo verde que simboliza el apoyo a la legalización del aborto y amenazas de ex comulgaciones automáticas a los políticos que voten a favor, fueron algunos de los casos más resonantes.

 

Los grupos que rechazan el proyecto llegaron al extremo de promover la censura del ministro de Salud, Alfredo Rubinstein, ya que pidieron que no hablara ante las comisiones del Senado por ser parte del gobierno y apoyar la legalización.

 

La moción, que fue incluso apoyada por algunos senadores, no tuvo éxito y el ministro expuso datos científicos y argumentos de salud, no morales, para justificar la necesidad de legalizar.

 

Por ejemplo, dijo que la ley reduciría en 80 por ciento el presupuesto que el sector público de salud gasta actualmente en la atención de complicaciones derivadas por los abortos ilegales y demostró con cifras oficiales que los abortos disminuyen en los países en los que ha sido legalizado.

 

La escritora Claudia Piñeiro fue otra de las víctimas de los intentos de censura, ya que cientos de personas presionaron a una fundación médica para que cancelara una entrevista pública de la autora por considerarla “militante abortista”.

 

El activismo feminista, por su parte, sigue realizando eventos masivos afuera del Congreso en cada jornada de audiencias en el Senado, además de charlas, debates, marchas y militancia en las provincias.

 

Diferentes grupos han realizado colecta de firmas para apoyar la legalización y festivales musicales o de poesía, mientras que otros graban videos y realizan campañas permanentes en las redes sociales.

 

TFA