Muy pendientes de los resultados de la segunda vuelta de la elección presidencial en Colombia estuvieron los equipos de los tres candidatos serios a la Presidencia en México.

No sólo por lo ejemplar –y práctica- que resulta una segunda votación en el caso de que ninguno de los candidatos alcance 50% más uno de los sufragios emitidos, sino porque piensan que se puede extrapolar al país lo que sucedió en Colombia.

Durante meses, el candidato de la izquierda, Gustavo Petro, encabezó las preferencias electorales muy por arriba del candidato de la derecha, Iván Duque, discípulo del ex presidente Álvaro Uribe.

La primera votación, realizada en mayo, arrojó un resultado inesperado por el partido de izquierda, Colombia Humana: Petro, su candidato, quedó en segundo lugar con una votación de 4.8 millones, en tanto que Duque alcanzó una votación de 7.5 millones de sufragios, equivalente a 39.14% de la votación total.

Hubo una segunda vuelta que se efectuó el domingo; los colombianos prefirieron a Duque, que tuvo una votación de 10.3 millones de sufragios, en tanto que Petro alcanzó 8.3 millones.

Duque es el Presidente electo de Colombia, a pesar de que las encuestas y los actos masivos de Petro presagiaban un final distinto.

En Colombia se explican el triunfo del derechista por el temor de un importante sector de la sociedad de que su país se convirtiera en la nueva Venezuela.

Petro había prometido que de ganar, llevaría a cabo “una Asamblea Nacional Constituyente’’, como la de Nicolás Maduro, y otras acciones que terminaron por intimidar a los votantes.

El resultado de los comicios en Colombia dio nuevos bríos a José Antonio Meade, que muy temprano, como acostumbra, escribió en su cuenta de Twitter:

Así como en el futbol no hay pronóstico ni apuesta que valga más que el resultado final del día del partido, lo mismo pasa con las encuestas en materia electoral. El voto es el que vale. Por eso digo que tenemos tiempo y vamos a ganar’’.

Y aunque la referencia inicial del comentario de Meade tiene que ver con la victoria de la Selección de futbol de México sobre Alemania, en su escritorio también estaban los resultados de la segunda vuelta en Venezuela.

¿Se podrá repetir el escenario en México?

****

El fin de semana pasado circuló en las redes sociales un mensaje que advertía que “el gobierno de Peña Nieto privatizó el agua’’ en varios puntos del país.

El mensaje no alcanzó el adjetivo de viral, pero sí generó una corriente de opinión en el sentido de que, efectivamente, entre el Mundial de futbol y las elecciones, el Gobierno federal “nos agarró dormidos’’ y privatizó el agua.

La Comisión Nacional del Agua salió tarde a explicar que no se trata de una privatización.

Los 10 decretos publicados el 6 de junio en ninguna forma otorgan beneficios para ningún particular; por el contrario permitirán preservar el medio ambiente y garantizar el agua para consumo humano de 18 millones de habitantes que aún no nacen en una proyección a 50 años’’.

O sea que nomás están almacenando agua, no sean malpensados.