Foto: EFE  

Luego de que las Cascadas de Agua Azul de Tumbalá, en Chiapas, vieran disminuido drásticamente su torrente, el coordinador de supervisión y evaluación regional de la Secretará de Protección Civil de Chiapas, Daniel Cuate, explicó que una inspección realizada el viernes pasado reveló que el cauce “ha disminuido en un 85 %”.

 

Y es que el sismo de magnitud 7.2 que sacudió el centro y sur de México provocó un desprendimiento de roca calcárea que, a su vez, generó un desvío en la corriente del Río Agua Azul, causando la escasez de agua en la cascada principal, indicó.

 

Los pobladores de la zona notaron “una disminución paulatina del agua desde el 31 de octubre”, que les generó incertidumbre, ya que es un fenómeno que nunca antes había sucedido.

 

Fue del jueves al viernes de la pasada semana cuando notaron la ausencia casi en su totalidad del agua en las cascadas y avisaron a las autoridades, que acudieron 24 horas después.

 

El experto aseguró que “el río sigue teniendo capacidad suficiente” y no ha disminuido su afluencia, pero el impacto del sismo “cambió ligeramente el curso del agua”, desviándola hacia el lado derecho del Río Agua Azul y alejándola de la cascada principal.

 

A esto debe agregársele la fragilidad del material de esta área de protección de flora y fauna de México. Al tratarse de roca calcárea con arenisca “se deteriora con el tiempo”, más todavía con un sismo.

 

Durante la inspección encabezada por la Comisión Nacional del Agua (Conagua) se observó una fuerte deforestación en la zona que colinda con las cascadas, cuya sequedad afectará al habitual turismo de diciembre.

 

Actualmente, un equipo multidisciplinar con “un comité científico asesor conformado por investigadores de renombre” está realizando un estudio integral.

 

El objetivo es tomar un decisión “para poder restablecer, en un tiempo no muy lejano, el mismo cauce que tenía y darle el mismo esplendor y la misma belleza a tal maravilla natural”, afirmó.

 

Los resultados del estudio tardarán entre 15 y 20 días y por ahora no se ha estimado el coste de la recuperación del esplendor de la cascada, de la cual el experto asegura que “sigue teniendo el mismo color, la misma textura” y que el agua sí cae, pero no con la abundancia de antes.

 

“Es algo muy delicado, por algo la naturaleza hace las cosas, pero se ha determinado que tienen que hacerse cálculos, estudiar bien la situación ambiental”, añadió.

 

JMSJ