La pintora, escultura y escritora Martha Chapa (Monterrey, Nuevo León, 1946), quien este año celebra su cumpleaños número 70 y medio siglo en el arte, afirmó que “la elocuente respuesta de tantas personalidades me hace pensar que el trabajo que he realizado con entrega, con pasión, con amor y con verdad durante 50 años, ha cosechado frutos; el más delicioso de ellos, el de la amistad”.

 

Dijo vivir un momento lleno de experiencias estupendas más allá de su vida profesional, y eso, subrayó, la lleva a hacer algunas reflexiones. “Cumplir 50 años de pintar paraísos con, desde, para el corazón de toda la gente, es algo realmente entrañable; mi existencia representa un infinito de experiencias difícil de sintetizar en sólo unos cuantos minutos, porque en estos años me he empeñado en dejar constancia de mi pasión por mi trabajo”.

 

En ese torbellino de emociones y sentimientos siempre cálidos y nobles, Martha Chapa destacó que se siente dichosa y muy comprometida, porque el hecho de que el mundo crea en su trabajo, sus aventuras, su propuesta artística, y en cada exposición individual o colectiva a la que ha sido convocada la compromete cada día más y más, desde antaño hasta hoy.

 

Recordó que hace 50 años, sufría por angustias, porque era una joven tímida. Pero dentro de esa intranquilidad, un día, como iluminación divina, ante sus ojos apareció el símbolo del fruto que decían que era prohibido y al que se relacionaba con lo pecaminoso.

 

Con él se gestó una alquimia misteriosa de la que salió la inspiración para Chapa, convirtiendo a la manzana en el adjetivo de su universo, más que una obsesión para la incipiente pintora.

 

Chapa reflexionó: La incógnita de lo que dio origen a la conciencia de la conciencia, como decimos los que intentamos ser budistas, me hace pensar que la sabiduría, la duda, el bien, el mal, y la desobediencia también causan conocimiento. Pintar una manzana es imponer a la imaginación el nombre del recuerdo y el caudal de perfumes, colores y texturas que llegan a ella desde todos los jardines trazados por los mitos de los hombres.

 

MANZANAS

 

Pintar una manzana también significa, enfatizó la artista, “poder recuperar súbitamente el verde paraíso pletórico de bestias inocentes que bajan a beber el agua mansa del amor”.

 

Y con la misma vehemencia añadió que “desde la Biblia y desde la anciana voz de las mujeres de su tierra regia, imagina al paraíso como un lugar de rosas que inunda a una pareja que cumple su unión inaugural”.

 

De manzana en manzana, aseguró, ha dejado numerosos testimonios de su empeño, y ha descubierto que en su redondez se puede concebir la vida misma, un sinfín de vidas y un renacimiento.

 

“Estoy consciente de mi enorme responsabilidad, puesto que hace ya cinco décadas expongo los afanes plásticos que encienden mi vida; he recorrido el orbe en una travesía fascinante, difícil a veces, pero que siempre me produce un reto mágico”, añadió.

 

Emocionada, Martha Chapa, quien ocupa un sitio de honor tanto en el cosmos de la pintura como en el de la escultura y las letras nacionales, tiene en la manzana el tema capital para su quehacer artístico. A la fecha ha montado alrededor de 250 exposiciones individuales y tomado parte en, más o menos, mil 800 colectivas dentro y fuera de la geografía nacional.

 

La artista dijo a Notimex que celebra sus dos aniversarios de la mejor manera, en paz, satisfecha, con sus alegrías, dudas y complicaciones. “Bendigo la herencia norteña que me transmitió un recio temperamento y una fortaleza que me ha impedido claudicar y que espero me siga dando esta certeza; este es momento para rendir homenaje a mis ancestros y a quienes han tenido fe en mis aventuras estéticas”, rubricó.

 

dca