Mientras crece el debate sobre el concepto de posverdad en nuestras sociedades, el estrellato de la joven mexicana Rubí y su pequeña comunidad rural de La Joya por una simple fiesta de 15 años refleja el desconcierto de una opinión pública cada vez más mediatizada por las redes sociales.

 

No importa al final que la muchacha, cuyo rictus aturdido le daba este lunes más aire de víctima que de diva mediática, reuniera a 30.000 personas en un pueblo remoto de 200 habitantes, cuando 1,3 millones habían aceptado previamente su viral invitación a asistir a la fiesta a través de las redes sociales.

 

Ante la creciente dispersión de la información por el tsunami de datos en el que naufragamos en este mundo globalizado, el acontecimiento solo sirvió para hacer buena la máxima de “a río revuelto ganancia de pescadores“.

 

En declaraciones a Efe, la analista María Elena Meneses consideró este martes que “si este fenómeno se hubiera quedado atrapado en las redes sociales, allí se hubiese quedado, como algo simpático, un fenómeno propio de internet”.

 

El problema es que en este caso la atención “saltó de las redes sociales a lo medios tradicionales y fue retomado por gente del espectáculo, marcas comerciales y políticos oportunistas“, detalla esta profesora investigadora de Medios Digitales del Instituto Tecnológico de Monterrey.

 

Juan Manuel Carreras, el gobernador de San Luis Potosí, el estado del centro-norte de México donde está La Joya, se acercó a la fiesta para regalar a Rubí libros y una computadora.

 

Hilario Ramírez, el alcalde del municipio de San Blas, en el estado occidental de Nayarit, recorrió un trayecto por tierra de ocho horas para obsequiar a la homenajeada con un automóvil.

 

Famoso por su frase de “le robé (al ayuntamiento), pero poquito”, Ramírez aclaró a los medios que compró el vehículo con su dinero y no el del erario público.

 

Solo “la crisis de credibilidad en la ciudadanía” respecto a la clase política -prosigue Meneses- puede explicar estos gestos.

 

Gestos como el del gobernador del Estado de México (colindante con la capital del país), Eruviel Ávila, “que no tiene nada que ver” con la joven pero aprovechó para regalarle un fin de semana en Valle de Bravo, destino turístico del territorio que gobierna.

 

Más allá del provecho político que le sacaran algunos, para Meneses la cobertura informativa de la fiesta revela también que “los medios tradicionales están atravesando por una tremenda crisis“.

 

“En el caso de México afecta sobre todo a la televisión, que al ver de que está perdiendo ‘rating’ y que la conversación está en las redes sociales, quiere aprovechar esta clase de situaciones” para seguir vigente, argumenta.

 

Con esto discrepaba este martes el columnista Álvaro Cueva, que ve “algo raro” en el interés de algunos en acusar a esas empresas informativas de “distraer al siempre vulnerable pueblo de México del eterno complot político, económico y social en el que vive”.

 

Cueva lamentó que “nadie verifique las fuentes ni las sepa interpretar” al referirse a las versiones que apuntaron el lunes a que seis millones de personas siguieron el acontecimiento vía internet.

 

El objetivo -denunció- es que “se generalice el dato de que México es un país de estúpidos” cuando tiene “más de 119 millones” de habitantes.

 

Meneses matiza que “aquellos que consideran que los medios de comunicación tradicionales están muertos tendrían que recapacitar”, porque el fenómeno Rubí evidencia en realidad que “lo que pasa en las redes sociales se puede quedar allí a menos que los medios tradicionales lo recuperen”.

 

Y son precisamente las redes sociales, según los expertos, el vehículo ideal para la posverdad, ese neologismo referido a las circunstancias en que los hechos objetivos influyen menos a la hora de moldear la opinión pública que los llamamientos a la emoción y a la creencia personal.

 

La experta cree que “va a llegar un momento en que los medios digan también basta“, salgan de ese “círculo vicioso” y “se replanten en todo el mundo ante el desconcierto que están causando las redes”.

 

Sobre todo porque si lo de Rubí parece algo inocuo, el acoso o el terrorismo encuentran terreno fértil en esas plataformas.

 

Meneses instó a las empresas tecnológicas que las controlan a “que rindan cuentas, transparenten sus algoritmos, porque viven en una opacidad tremenda” y en casos como el de Estados Unidos “han erosionado el poder”, en alusión a las recientes elecciones ganadas por Donald Trump.

 

Cuestionó asimismo el anuncio de Facebook de poner coto a las “noticias falsas” porque considera “sumamente grave que ahora” sus responsables vayan a ser “árbitros de la verdad”.