Macao bajo China, Brasil en América, Timor y Malasia en el sureste asiático, Goa en la India, Qatar y Bahréin en el Golfo Pérsico, amplios territorios en África: el pequeñísimo país que agradeció a sus navegantes la conformación de uno de los imperios más grandes de la historia, ahora bien les puede agradecer su primer título futbolístico.

 

De África llegó a Portugal su primera gran figura deportiva: Eusebio da Silva Ferreira, nacido en la entonces llamada Lourenço Marques (actual Maputo), capital de la África Oriental Portuguesa (hoy Mozambique) y con padre proveniente de otra colonia lusitana en el continente negro, Angola. Junto a él serían titulares y semifinalistas en el Mundial de 1966 otros tres mozambiqueños: Mario Esteves Coluna, Hilario da Conceiçao y Vicente de Lucas.

 

Por carambolas históricas, la portuguesa fue la primera Selección en fortalecerse con sangre africana, épocas en los que resultaba impensado ver a un futbolista negro en equipos de esta región. Consideremos que Inglaterra apenas rompió ese paradigma en 1978 con Viv Anderson, que Alemania lo hizo en los mismos años setenta con Ewin Kostedde (descendiente de un soldado afroamericano emplazado en la Segunda Guerra Mundial), que España lo pospuso hasta 1994 con el naturalizado Donato, que Italia hasta 2001 con el ítalo-somalí Fabio Liberani, que Holanda, hoy tan variopinta, fue subcampeona mundial dos veces en los setenta sin un solo negro en el plantel.

 

De África arribó el corazón del primer gran equipo portugués y de África ha llegado ahora el inesperado héroe del primer título en la historia de este representativo. Nacido en Guinea Bisáu (alguna vez conocida como Guinea Portuguesa), Éder fue seleccionado como reserva para la actual Eurocopa, bajo elevadas críticas. Pocos en su país le veían condiciones suficientes para siquiera ser el suplente del suplente. Pasó media temporada por la Liga Premier inglesa sin hacer un gol, jamás militó en alguno de los clubes importantes de Portugal y fue objeto de constantes burlas por su falta de contundencia; a su lado hubo más sangre africana en esta Eurocopa: Nani de Cabo Verde, William Carvalho de Angola y Danilo también de Guinea Bisáu.

 

Es decir, que el legado de los viejos navegantes portugueses va mucho más allá de la proliferación de su idioma al grado de ser el sexto con más parlantes nativos: el éxito del futbol de Portugal es hoy, como en 1966, gracias a África. A lo anterior, añadir que Cristiano Ronaldo nació en unas islas mucho más cercanas geográficamente a la costa occidental africana que a Lisboa misma.

 

El minúsculo país que se convirtió en inmenso imperio gracias a sus navegantes, hoy reina sobre el futbol europeo gracias a lo que quedó de aquel desaparecido imperio. Corona europea hecha en África.

Alberto Lati

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