Los gigantes del Sur en caos

Alberto Lati

Las opiniones expresadas por los columnistas son independientes y no reflejan necesariamente el punto de vista de 24 HORAS.

En esa corte de la corrupción y politización del futbol mundial, los dos titanes sudamericanos se han aferrado a ser reyes.

 

Argentina y Brasil detectaron desde hace muchos años que ningún rubro empresarial era tan generoso como el del balón. Así que la gallina de los huevos de oro fue forzada a potenciar su producción para que todos tengan su tajada, para que se lucre en metálico y en poder.

 

¿Que, entre devaluaciones e inflaciones, se pudre el futbol en su país? No importa, mientras continúen vendiendo talentos a cada confín del planeta. ¿Que, las periódicas crisis amenazan a sus intereses? Ningún problema si en los traspasos a España, Asia, México mismo, se reparten comisiones entre tantas personas. ¿Que sus ligas, ya compuestas por adolescentes, van a menos en calidad? Mero daño colateral. ¿Que la violencia se mantiene en los estadios? Oportunidad para convertir a las barras bravas en grupos de choque al servicio de políticos. ¿Que sus selecciones acumulan años de sequía? Ni hablar, si tan bien cobran sus amistosos en Qatar, Japón o donde sea.

 

La Confederación Brasileña ha tenido ya cinco cambios de presidente desde 2012, todos motivados por corrupción. Ricardo Teixeira, José María Marín y Marco Polo Del Nero, han sido nombres medulares en el escándalo de FIFA desde hace unos años, al tiempo que Nunes de Lima está directamente vinculado a la dictadura militar. Del Nero ha regresado al cargo, siendo el único genuino sobreviviente del FIFA-Gate; al tiempo, Marín está bajo arresto domiciliario en Nueva York y Teixeira, ex yerno de Joao Havelange, lleva tres años entre exiliado y acusado

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Con la Asociación Argentina, la caja de pandora se ha abierto con una doble caída: primero, el fallecimiento de Julio Grondona en 2014; segundo, la salida de la presidencia de Cristina Fernández en 2015. Los dos personajes se aliaron bajo el paraguas de “Futbol para Todos”, proyecto mediante el cual el gobierno argentino subvencionó la emisión en abierto de los partidos –y triplicó con fondos públicos los ingresos por televisión de la AFA hasta más allá de los 230 millones de dólares. El discurso de Cristina al firmar dicho acuerdo, sirve como manual de populismo: “Tenían a los goles secuestrados, los liberamos (…) Te secuestran los goles hasta el domingo, como te secuestran las imágenes y las palabras. Como secuestraron a 30 mil argentinos. No quiero más una sociedad de secuestros, quiero una sociedad cada día más libre”.

 

Desde que Mauricio Macri, ex presidente de Boca Juniors, ganó las elecciones federales, se ha desatado una gran guerra por el poder en la AFA. El último capítulo es la desaparición de millones de dólares donados por el gobierno, la intervención judicial del organismo, unas elecciones en las que hubo más votos que votantes y una amenaza: que la FIFA, por estatutos, tiene elementos para privar a su selección de disputar la Copa América. Una FIFA que deberá decidir: solapar la corrupción o aprobar la injerencia política por la que suele desafiliar a federaciones.

 

Caos que hoy tiene peor ubicados a los argentinos que a los brasileños, pero que, como en su histórica rivalidad futbolera, en cualquier momento dará la vuelta. Y es que tanta pasión constituye un activo irremplazable.

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