FIFA y su Game of Thrones

Alberto Lati

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Ante un lago encendido por los rayos más intensos de la primavera, en su retiro en una lujosa mansión bajo los Alpes, imagino a Joseph Blatter celebrando que su jugada final fue un éxito.

 

Quien presidiera el futbol durante casi dos décadas, difícilmente volverá a un cargo directivo. Tampoco logrará que su nombre quede limpio. Mucho menos logrará la mayor de sus ambiciones, el Premio Nobel de la Paz, para el que ha sido apoyado por Vladimir Putin.

 

Pese a ello, es evidente que Blatter derrotó a Michel Platini en su última batalla. Este lunes el ex jugador francés ha tenido que renunciar a su cargo como titular del futbol europeo, luego de que la Corte de Arbitraje Deportivo sólo concediera reducir su suspensión –de seis a cuatro años–, pero no la anulara.

 

¿Cuántos pagos por cifras aproximadas de dos millones de euros pudieron salir de la cuenta de Blatter en los últimos años? Sin embargo, las autoridades sólo cuentan con uno como prueba: el que fue a dar a manos de Platini. Claro, se dio en un momento de elevada suspicacia: justo cuando el francés retiró su candidatura a la presidencia de la FIFA en 2011 e incluso pidió a sus delegados europeos apoyar al suizo en su reelección. Como sea, que Sepp haya caído por ese específico traspaso y no por otro, da para pensar en una trama que desató la debacle de Platini, quien a su vez no iba exento de cola que le pisaran.

 

Entre 1998 y 2006, vi muchas veces juntos a los aliados Joseph y Michel. El primero ejercía como mentor y el segundo como protegido. Platini terminó por destronar al gran rival europeo de Blatter, a Lennart Johansson, y le dio legitimidad al haber sido un gran futbolista (algo atípico en los pasillos de FIFA). Blatter, a su vez, impulsó el camino del ex jugador hasta la segunda silla más importante del futbol, apoyándolo en plena asamblea electoral en Dusseldorf en 2007.

 

Ya durante el Mundial 2010 los percibí distanciados (recuerdo en específico la orillada mesa donde fue sentado un Platini que bostezaba en el acto inaugural a cargo de Blatter y el presidente sudafricano Jacob Zuma), divorcio consumado meses más tarde, cuando Michel apoyó a Qatar para 2022 y dio la espalda a Estados Unidos. Divorcio cuyo epitafio podría ser la sentencia del CAS de este lunes, obligando a Platini a dejar esa presidencia de UEFA. Un año antes, en el fatídico mayo de 2015, Michel había dado un gran paso en esta enemistad al solicitar públicamente que Sepp renunciara.

 

¿Y Qatar? ¿Y la venta de votos para conceder sedes mundialistas? ¿Y lo que realmente se mueve al interior del organismo: dinero, política, intereses? De eso ni sabemos ni sabremos.

 

Hoy sólo quedan las denuncias por utilizar la banca estadounidense para blanqueo, la purga de Jerome Valcke por venta ilegal de boletos y esa transferencia por dos millones.

 

Ni siquiera es la punta del iceberg aunque suficiente para vengarse de Platini, acaso piense un risueño Blatter viendo el reflejo de los Alpes en ese lago suizo que brilla.

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