Ansiosas horas de espera en el restaurante de un hotel boutique de la exclusiva zona londinense de Marble Arch. En ese sitio, vecino a la casa inglesa de Madonna, tenía pactado entrevistar a la denominada Reina del Pop.

 

Mi incertidumbre crecía a causa de tres razones: primero, que todo sería con el equipo de producción de la cantante, a manera que yo ingresaría solo y horas después recibiría el material grabado por sus camarógrafos, apoyado por su iluminador, su microfonista e incluso su maquillista; segundo, que otros dos colegas la habían entrevistado ese día con nefastos resultados (uno de ellos, que viajó de lejos nada más para esa charla, se inclinó hacia Madonna en el diálogo, a lo que ella respondió con una especie de “no te me acerques tanto” y culminó anticipadamente la entrevista); y, tercero, mi afán de llevarla a conversar sobre deporte y los en ese momento inminentes Olímpicos de Londres 2012.

 

Me presenté con un “Alberto, from Mexico”, a lo que respondió en español y con una seductora risa, “Madonna, de Estados Unidos”.

 

En el diálogo previo preguntó con cara provocativa: “¿¡Me vas a dar por fin una buena entrevista!?” y justo cuando su productor indicó que podíamos comenzar, volvió a la carga, tal como si estuviera por ofrecerme un concierto en un estadio atiborrado: “¡Prepárate para la mejor entrevista de tu vida!”. A veces respuestas muy cortas y con interrogantes de vuelta hacia mí, otras con reflexiones profundas y mirada en el horizonte en aras de las palabras justas, pero en todo caso concentrada y midiendo sus enunciados.

 

-Cuando empezaste esta gira en Tel Aviv, hablaste con fuerza respecto a la paz. Los Juegos Olímpicos en teoría deberían simbolizar la paz. Al menos eso buscaban representar en sus orígenes. ¿Crees que aún son sobre eso?
-En realidad no estaría tan segura de ello, no conozco la conciencia de cada una de las personas que está detrás del movimiento olímpico. Sí creo que hay un factor de buscar reunir al planeta, gente de todos los rincones del mundo viene a competir a su máximo nivel. Pero, por supuesto, también es un acontecimiento que pudiera llegar a tener mucho que ver con comercialización y hacer dinero y, aceptémoslo, así es el mundo en el que vivimos. Pero ojalá que la conciencia de todos los organizadores y de los atletas involucrados sea la de que los Juegos Olímpicos representen una verdadera oportunidad de demostrar que podemos unirnos y promover el concepto de paz.

 

-Ahora que hablamos de deporte, algún deportista que admires o que hayas admirado a través de la historia.
Me gustan las figuras deportivas que también se involucraron en cuestiones y aspectos políticos como Muhammad Ali, por ejemplo, quien rompió barreras para los afroamericanos. Lo mismo Jackie Robinson. Siempre es admirable cuando un atleta toma posición de también reivindicar una iniciativa política o social para mejorar. Eso es más relevante.

 

-Y que finalmente todo tiene carga política y puede contribuir a forjar un mundo mejor.

 

-Ese es precisamente el trabajo de una figura pública, Dios no sólo te dio el talento de ser un gran futbolista para que te limites a jugar futbol. O el talento de escribir música sólo para que escribas música. Nos fueron dados esos talentos para reunir gente. Qué bueno que vayan a mis conciertos a cantar y a bailar, pero algo más se tienen que llevar. De lo contrario, es una ocasión desperdiciada. Y pocos deportistas aprovecharon la ocasión.

 

Admitió que en su presentación del Super Bowl de 2012 sí fue censurada (“digamos que me pidieron que me comportara”), se refirió a la frontera entre México y Estados Unidos (“es normal que haya problemas, yo no les caigo demasiado bien a mis vecinos, pero ahí el principal problema es de hipocresía”) y me dio una pista de lo que tres años después han sido sus presentaciones en nuestro país (“cuando voy a México, pienso en pasión y pienso en amar a artistas mexicanas como Frida Kahlo, en el poder caminar sobre sus pasos”).

 

No sé si, como ella garantizó, ha sido la mejor entrevista de mi vida. Ciertamente, un personaje más imponente de lo que yo hubiera imaginado. En su soberbia, en su afán de conquistar, en su articulación, en su desafío permanente, en su caminar mismo, un personaje como pocos.

Alberto Lati

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