Deportes y los sueños de expansión

Alberto Lati

Las opiniones expresadas por los columnistas son independientes y no reflejan necesariamente el punto de vista de 24 HORAS.

El beisbol sabe que se ha quedado atrás. No sólo en los Estados Unidos, rebasado contundentemente por el futbol americano más allá de que se aferre a mantener el apodo de America´s Game; también en el resto del mundo, donde sus cifras de seguidores parecen no crecer al mismo ritmo que las de otras disciplinas deportivas.

 

Lo anterior ha propiciado que la pelota caliente, antaño de tan delimitada ubicación a lo largo del planeta, esté en negociaciones para llevar alguna serie de temporada regular a la ciudad de Londres. No es nuevo que haya beisbol en el exterior (en los últimos años se han dado inicios de temporada en países como México y Japón); lo llamativo es que se pretenda en un sitio del todo ajeno a la tradición de este deporte, como lo es Europa.

 

Por una u otra razón, el beisbol quedó confinado a las áreas de mayor interés geopolítico estadounidense (Japón, Corea, Venezuela, Colombia, Panamá, Cuba, Dominicana, Puerto Rico, México, Canadá). Más allá de eso, la dificultad propia de esta disciplina (bates, manoplas, bases y un trazado específico para formar el diamante, contrapuestos a la simplicidad del futbol) frenaron su instauración en más lugares.

 

Mientras que Forbes mantiene a los Yanquis de Nueva York como el tercer equipo más valioso del planeta (detrás de Real Madrid y Vaqueros de Dallas) hay datos que permiten ser menos optimistas. Al tiempo que los merengues y el Barcelona tienen cerca de 30 millones de seguidores en twitter en sus cuentas en diversos idiomas (en árabe, francés, japonés, hindi, portugués), los Bombarderos del Bronx no pasan del millón y medio (por poner otro paralelo: las Chivas tienen más de dos millones).

 

¿Por qué ir a Londres y no a Seúl, Osaka, Cali, Hermosillo, Ciudad de Panamá? Porque las autoridades que rigen este deporte han entendido que si no logran ampliar el reducido nicho de aficionados del que disponen, terminarán rezagándose más en las preferencias mundiales (y, por ende, en ingresos).

 

La relación de la cultura británica con el beisbol, es en específico curiosa. Por mucho que la tradición estadounidense haya intentado fomentar la noción de que se inventó en su territorio y no fue una importación inglesa, todos los vestigios apuntan a que esa premisa es falsa y que incluso el America´s Game desciende de la corona de la que pelearon por independizarse.

 

Abner Doubleday, héroe del Ejército de la Unión en la Guerra Civil, fue señalado como patriarca creador de este deporte. No obstante, ninguna circunstancia histórica permite admitir esa teoría. De hecho, en los años en que se afirma que Doubleday trazó la cancha y formuló las reglas, el militar ni siquiera estuvo en el pueblo de Cooperstown como se dice. Al margen de eso, muchas décadas antes ya se manejaba la palabra beisbol en Inglaterra y existían deportes con fundamentos similares, todos ramificaciones del criquet (Jane Austen cita la palabra beisbol en la novela Northanger Abbey escrita en 1798).

 

Así que el beisbol, que no fue inventado en la tierra donde se le ama, ahora intentará seducir a la tierra en la que en realidad se inventó y se le ignora. Conquistar al público británico se traduciría en penetrar el mercado europeo y competir con los mucho más aceptados en ese continente, baloncesto y futbol americano.

 

La expansión a otros mercados, se asume, es ya el único método posible de crecimiento.

Más del autor