Todo en la carrera de James Rodríguez ha sido precoz: a los 14 años, con el club Evingado, ya jugaba en la primera división colombiana; a los 17, con el Banfield, ya era el extranjero más joven en debutar en el futbol argentino; a los 18 ya era héroe del sorpresivo campeón de Argentina, lo que le valió ser traspasado al Oporto portugués; a los 21 ya había sido comprado por el Mónaco francés a cambio de 45 millones de euros; a los 22, tras un rutilante desempeño en el Mundial de Brasil 2014, el Madrid ya había desembolsado 80 millones de euros por él.

 

También con tal velocidad, James se erigió en máxima figura de una selección de Colombia, huérfana del que se proyectaba como su mayor referente, Radamel Falcao García. Ante la lesión del goleador, el 10 merengue cargó con el representativo cafetalero en canchas brasileñas. Sus goles a Japón y sobre todo a Uruguay, quedaron enmarcados en lo más alto de esa Copa del Mundo, lo mismo que sus celebraciones con el baile del Ras Tas Tas y el emotivo cierre de su participación; desconsolado tras caer eliminado por el anfitrión en Cuartos de Final, su rival David Luiz pidió a las gradas se rindieran ante uno de los mayores talentos de aquel torneo; para mí, no sólo la revelación de Brasil 2014, sino su mejor jugador, el más determinante e influyente.

 

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Las primeras semanas madridistas de James (pronunciado tal cual se lee en español) fueron complicadas; ese hábito tan merengue de comprar talento para reubicarlo en donde jamás ha jugado, mermaba notablemente su desempeño. Confundido, aparentemente incapaz de dar el sacrificio necesario que balanceara a un once con tres delanteros y sin medios defensivos, muchos llegaron a pensar que el nacido en Cúcuta no era adecuado para el Real Madrid. Si se considera que Ángel Di María se fue al Manchester United por una cantidad similar a la pagada por James, fue clamor popular que el Madrid había errado en la operación.

 

Y es verdad que el volante no cuenta con las condiciones futbolísticas del hábil Di María, como lo es también que tiene otras que son deslumbrantes: visión, inteligencia, trazos largos, disparo a portería, fantasía pura.

 

Hoy es tan inexplicable una alineación madridista sin él, como lo es una Selección Colombiana que no le conceda los controles del equipo; imprescindible recalcar lo distintos que son sus roles en estos dos colectivos; con Colombia crea, en Madrid hace casi todo (incluido muchísimo pulmón y músculo).

 

La Copa América de Chile 2015, en donde podrá reencontrarse con su socio en Oporto y Mónaco, Radamel Falcao, promete mucho.

 

En amplia medida, gracias al talento que James pueda regalar en estados andinos, Colombia parte en las apuestas como la cuarta mayor favorita (por delante sólo los dos gigantes de la zona, Argentina y Brasil, así como el anfitrión Chile).

 

Una de las mayores certezas de cara al torneo es que si alguien desea gozar con escuadra alguna, ha de ver a esa Colombia, dirigida desde 2012 por José Néstor Pekerman y comandada por ese niño virtuoso e Cúcuta.

 

James, a cuya carrera todo ha llegado de forma precoz.

Alberto Lati

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